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VÍCTOR MANUEL AMADO CASTRO/ANALISTA DE POLÍTICA INTERNACIONAL
El 10 de julio el presidente de Polonia y antiguo alcalde de Varsovia, Lech Kaczynski, nombraba a su hermano gemelo Jaroslaw primer ministro del país. De esta manera se producía un caso insólito tanto en Europa y commo en el seno de la Unión Europea, por el cual dos hermanos gemelos estaban al frente de dos de las tres jefaturas más importantes de un Estado. Pero los movimientos para este fenómeno comenzaron hace casi ya un ańo, cuando tuvieron lugar las elecciones presidenciales y legislativas polacas. En los comicios del 9 de octubre de 2005 el partido de los gemelos Kaczynski Justicia y Libertad (PIS en sus siglas en polaco), en parte heredero de la ya desaparecida Solidaridad, quedaba por detrás de la otra gran formación política polaca, la Plataforma Cívica del liberal Donald Tusk, también, con la mayoría del centro derecha polaco, antiguo militante de la formación que lideró Lech Walesa.
Dado que ninguna de las dos formaciones obtuvo la mayoría absoluta tuvieron que presentarse a una segunda vuelta, donde los liberales de Tusk perdieron por 10 puntos porcentuales respecto al PIS. Es más que probable que una parte importante del funcionariado polaco votara en segunda vuelta al PIS, ante el temor de que la llegada de los liberales supusiera una drástica reducción del sector público del país. En esas mismas elecciones también se renovó el Sejm o Parlamento polaco, con un resultado favorable asimismo a la formación de los gemelos Kaczynski. Tras estos resultados el mayor de los gemelos, que aspiraba a ser primer ministro, renunció a ese puesto pensando que era cuando menos paradójico que dos hermanos estuvieran al mando de los designios políticos de Polonia. Jaroslaw Kaczynski renunciaba a ocupar la cartera de primer ministro y su hermano, ya presidente, nombraba a otro miembro del PIS, Kazimierz Marcinkiewicz, como jefe de Gobierno. Pero a pesar de este gesto, la mayor parte de la vida política y de la sociedad polaca sabía que quien llevaba o pretendía llevar en la sombra los designios de ese Ejecutivo era precisamente aquél que había renunciado a liderarlo por una cuestión de formas. Muy pronto el primer ministro Marcinkiewicz dio muestras de no querer dejarse manipular por el mayor de los gemelos y trazó su propia política económica, pero sobre todo exterior. Fue en este segundo campo, el de los asuntos internacionales, y sobre todo en el papel que Polonia debía jugar en la UE, donde saltaron las desavenencias entre el jefe en la sombra y presidente del PIS, el gemelo Jaroslaw Kaczynski y el primer ministro Marcinkiewicz.
Este último era partidario de un perfil más europeísta de Polonia, mientras que los gemelos apostaban claramente por una defensa de los intereses nacionales sobre cualquier otra cosa en el seno de la Unión Europea. Es en este contexto en el que se produjo el pasado mes de mayo la entrada de dos formaciones populistas en el Gobierno de Varsovia. De una parte la denominada Autodefensa (Samoobrona) liderada por Lepper, una fuerza con una importante base rural y aglutinadora del voto de protesta, que se opuso a la entrada de Polonia en la UE y que ahora, aunque no aboga por su salida, es partidaria de la defensa al ultranza de los intereses polacos. Sobre todo aquellos que tienen que ver con el campesinado, que emplea en ese país a más del 20% de la fuerza de trabajo y aporta el 3,8% del PIB -mientras que por ejemplo el sector agrícola espańol, empleando un 6% de la fuerza de trabajo, supone el 3,5% del PIB estatal-. El otro partido político que entró en el Gobierno fue la Liga de las Familias Polacas, formación de corte nacionalista, tradicional católica, con veleidades antisemitas, de claro origen ultraderechista y vinculada a la famosa Radio Maryja. De este grupo político es el europarlamentario que recientemente defendía la dictadura de Franco en el Parlamento europeo, en tanto que el dictador salvó a la Iglesia y a la religión en Espańa.
Así, este nuevo gobierno dotaba al Ejecutivo de una estabilidad parlamentaria plena, ya que entre las tres formaciones sumaban 245 de los 460 escańos del Sejm. Las consecuencias de esta nueva coalición no se hicieron esperar en el seno del Gobierno. El que hasta aquel entonces había sido ministro de Exteriores, Stefan Meller, un polaco nacido en Francia y europeísta convencido, abandonó el Gabinete. Al mismo tiempo en el seno de la Unión se respiraba una profunda preocupación por la deriva que podía tomar este nuevo Ejecutivo, en el que todavía quedaba un moderado, el primer ministro Marcinkiewicz, quien intentó hasta el último momento atraer a la coalición de gobierno a los liberales de la Plataforma Cívica. Una reunión del entonces primer ministro con el líder de esta formación, Donald Tusk, en el Báltico precipitó la salida del Gabinete del primero y la llegada del hermano gemelo a la jefatura del Gobierno. Así, el perfil del Ejecutibo polaco, nacionalista, de hondo sentir católico y tremendamente conservador, representa claramente las líneas identitarias de un sector muy importante, si no mayoritario, de la sociedad polaca actual.
Evidentemente hay otra parte muy importante de esta sociedad que está muy alejada al menos de las formaciones populistas, sobre todo de la Liga de las Familias Polacas, pero no es menos cierto que también un sector muy relevante de la misma está muy descontento con la clase política en general, como se demostró en los comicios de 2005, con una participación del 38% de la población. Explicar el porqué de esta situación puede ser muy complejo. El descrédito de los políticos, la frágil estructura de unos partidos muy personalistas, unidos a las pocas perspectivas laborales de gran parte de una juventud muy bien formada, así como la 'normalidad democrática', pueden ser algunos de los factores que han hecho que este fenómeno de desapego del sistema político tradicional, muy generalizado en Europa, sea más evidente en Polonia. Mientras tanto, las fuerzas más conservadoras y menos europeístas controlan los designios de este importante país.
Fuente: diariovasco.com
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