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Anécdotas y curiosidades de Chopin - Fryderyk Chopin y la causa polaca

 

Fryderyk Chopin y la causa polaca


Muchas preguntas se abren en este apartado. En abril de 1825, cuando dio su concierto ante el Zar Alejandro, podíamos habernos preguntado porqué los padres de Fryderyk le permitieron tocar ante los ocupantes imperiales rusos, especialmente el odiado archiduque. La respuesta posiblemente sea que a pesar de los sentimientos, Mikołaj no quería contraponerse a los gobernantes, y al mismo tiempo, acceder a la corte rusa en Varsovia prometía mejorar la carrera de Fryderyk.
En mayo de 1825 el Zar Nicolás I fue coronado Rey de Polonia tras la muerte de su padre Alejandro. A diferencia del moderado Alejandro, Nicolás impuso un reino de terror en Rusia y represión en Polonia. En Varsovia, gente joven conspiraba contra los gobernadores rusos, plantando la semilla del levantamiento. Fryderyk, aunque ocupado con su nuevo concierto, pasaba largas horas en el café Dziurka donde jóvenes artistas, periodistas y políticos hablaban sobre el futuro de Polonia. Fue aquí donde Chopin conoció a poetas polacos con los que compondría canciones, como Stefan Witwicki y Bohdan Zaleski.
Hay cierta creencia de que Fryderyk Chopin abandonó Polonia debido a problemas políticos, con la ocupación rusa. Eso está mitificado. Varsovia por aquel entonces no estaba en la élite musical, y las sucesivas escapadas de Fryderyk hacia Berlín, Viena, Praga, Dresde, etc nos indican su afán por adquirir fama y mejorar su carrera musical. De hecho, su segundo viaje a Viena lo tenía programado meses antes, pero a raíz de la Revolución francesa de julio de 1830, tuvo que retrasar los planes. En agosto volvieron a Żelazowa-Wola por temor a revueltas y el 22 agosto escribe a Tytus: “Mi padre no quería que viajara hace unas semanas, a causa de los disturbios que se están produciendo por toda Alemania...los italianos no hacen más que descontrolarse...Todavía no he tratado de obtener el pasaporte, pero la gente me dice que sólo puedo obtener uno hacia Austria y Prusia; nada de pensar en Italia y Francia. Así que probablemente en las próximas semanas iré a Viena a través de Cracovia.” Y el levantamiento polaco surgió cuando él ya estaba en Viena, y a raíz de sus reacciones no parece que lo esperase. Aunque profundamente polaco, no participaba activamente en la causa polaca, ante todo Chopin se debía únicamente a su música.
Otro punto confuso es su decisión de cambiar de nacionalidad, aunque se sentía profundamente polaco. No se conoce que esa decisión la haya discutido con alguien, incluyendo su padre. No está claro si lo hizo para evitar tener que renovar su pasaporte ruso en la embajada rusa, por razones patrióticas o simplemente por una cuestión de general conveniencia.
En 1833 se unió a la Sociedad Literaria Polaca de París prometiendo sus servicios a la organización “con todas mis fuerzas”. Fue también en 1833 cuando el Zar Nicolás decretó una amnistía para todos los polacos. Mikołaj le urgía a Fryderyk que renovase su pasaporte ruso. Esto le hubiera hecho posible volver a Polonia sin miedo de ningún castigo. Él partió antes del levantamiento y no estuvo implicado activamente en él, pero Chopin se formó en su mente que París podía asegurar la continuación de su carrera y el crecer de su fama. Habiéndose declarado como ‘emigrante’ permanente, fue lógico solicitar pasaporte francés. Chopin fue considerado en Polonia como algo de héroe nacional y sus polonesas y mazurcas eran percibidas como expresiones de patriotismo. En efecto, sus mazurcas fueron su mejor medio para expresar su ‘polaquismo’. Según Rubinstein son sus obras más pensativas. Las hay tristes, dulces, alegres, mórbidas, agrias, soñadoras, melancólicas. Todas identificándose con la palabra polaca Żal que él repetía muy a menudo. Żal no tiene un claro equivalente en otras lenguas. Es una siniestra mezcla de dolor, tristeza, remordimiento, resignación, rencor e incluso rebeldía e ira, con las que tantas veces se ha sentido identificado.

A veces daba conciertos benéficos donde parte de la recaudación iba dirigida a causas polacas, principalmente emigrados polacos.
Existe un curioso paralelismo con su padre, Mikołaj, de origen francés, y emigrado voluntariamente a Polonia, se hizo ciudadano polaco y se cambió su nombre. Nunca volvió a su patria. Mikołaj escribía generalmente a Fryderyk en francés y Fryderyk le respondería en polaco desde París. Fryderyk, por conveniencia, obtuvo la ciudadanía francesa el 1 de agosto de 1835, y nunca volvió a su querida patria.

La política nunca le interesó mucho, y menos aún las tensiones sociales y económicas de Francia, sin embargo era buen observador y estaba al tanto de todos los acontecimientos de la época: “...las clases bajas están completamente furiosas y urge un cambio en sus condiciones de pobreza, pero el gobierno...dispersa las reuniones en la calle con la gendarmería montada”.

Según la escritora polaca Ziemięcka, Chopin había decidido no volver a su madre patria porque no deseaba vivir bajo la ocupación rusa y eligió un exilio voluntario.
En 1837 el embajador ruso, hablando en nombre del Zar le ofreció a Fryderyk el título de ‘Primer pianista de su Majestad el Emperador de Rusia’ y le comunicó que no le consideraban un emigrado político. Pero de acuerdo con su sobrino Antoni Jędrzejewicz, Fryderyk contestó contundentemente que aunque no participó en el levantamiento polaco “compartía las esperanzas fervientes de la lucha de sus compatriotas...y por ello se consideraba como emigrante político, y no podía aceptar bajo ninguna circunstancia el honor que le ofrecían”.

El apolítico Chopin aborrecía todos los extremos. Fue incluso más intolerante con los religiosos polacos de patriotismo mesiánico, sin hacer ninguna contribución a esa causa. Fue el movimiento lanzado por un visionario polaco-lituano, Andrzej Towiański, que había persuadido a un gran número de polacos emigrados a París, incluyendo al poeta amigo de Chopin, Adam Mickiewicz. Profetizaba que Polonia era “El Mesías de las naciones” cuyo sufrimiento salvaría al mundo (como lo hizo Cristo) y se proclamaba el profeta de la cruzada. La reacción de Chopin fue que el movimiento de Towiański era “insano” y escribe a Fontana que “Mickiewicz acabará mal, a menos que se esté riendo de ti”.
La mazurca Op. 50 nº 3 fue dedicada a Leon Szmitkowski, un oficial de la rebelde armada polaca durante el levantamiento contra los rusos. Zieliński cree que “ha derramado lágrimas de los ojos de cada polaco en el exilio, y el compositor seguramente la escribió en un estado de fuertes emociones”.

El año 1846 fue ensombrecido por el fallido levantamiento sangriento pro-independencia en Cracovia. El plan inicial del levantamiento era en las tres partes ocupadas de Polonia: Austria, Prusia y Rusia y quería preservar el status de la República de Cracovia, creada en 1815 tras el Congreso de Viena. El levantamiento tuvo el éxito de expulsar a los austríacos pero al final sucumbió y la república de Cracovia fue disuelta e incorporada al imperio austro-húngaro. A pesar de sus lazos cercanos con la comunidad emigrada polaca, Chopin no tuvo noticias por adelantado del levantamiento. Los polacos exiliados en Francia estaban divididos políticamente en dos bandos. Uno conservador, comandado por el Príncipe Czartoryski, y otro más radical representado por la Sociedad Democrática. Chopin, no activo en política, pero patrióticamente inspirado tenía lazos con ambos bandos, con el príncipe Czartoryski y con los ‘demócratas’ como Zeleski y Witwicki. Pero Chopin nunca estuvo afectado personalmente por la confrontación entre sus amigos polacos. Para todos los polacos era considerado como un verdadero polaco patriota.
No hay registro de la reacción de Chopin sobre esta última tragedia polaca, pero es de suponer que fue tan dura como la caída de Varsovia quince años atrás.
Estos sucesos también conmueven a Sand: “esta pobre Polonia, la cuál desea recuperar su nombre, su lenguaje, su nacionalidad y religión!...durante varios días he estado tan profundamente conmovida que no puedo dormir...la existencia polaca está condenada.”

La Revolución de París de 1848 se extendió rápidamente hacia otros países de Europa, entre ellos Polonia. Chopin escribe a Fontana: “algo seguramente ocurrirá [en Polonia]...Dios sabe qué pasará para que haya una Polonia otra vez...huele a guerra...toda Alemania se moverá...Francia seguramente ayudará...pero al final habrá una super gran Polonia, en otras palabras: Polonia...Este momento está cerca...”.
Una vez más el levantamiento polaco fracasó. Cuando se enteró del fracaso en la región de Poznań comentó: “Oh, qué pena, qué dolor”.

No se tiene constancia que la idea de volver a Polonia se le haya pasado por la mente a Chopin. Sand escribe en sus memorias: “libre para volver a Polonia, prefirió consumirse diez o más años lejos de su familia, a la que adoraba, antes que padecer el dolor de ver su país transformado y deformado”.