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Anécdotas y curiosidades de Chopin |
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Escrito por Willy
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Lunes, 14 de Enero de 2008 23:08 |
Aspectos
personales, anécdotas y
curiosidades en la vida de
Chopin
Aunque decía que detestaba escribir cartas, han sido
preservadas unas cuatrocientas, de un total que podría
exceder de mil. Muchas de sus cartas enviadas hacia su hogar fueron
quemadas el 19 de septiembre de 1863 cuando en represalias por un
atentado contra el gobernador ruso de Varsovia, las tropas rusas
dispararon sobre el Palacio Zamoyski. Izabela Chopin, que ocupaba un
apartamento en el palacio, heredó las cartas de Fryderyk y
muchas cartas, así como objetos personales de Chopin se
quemaron.
Los pensamientos e impresiones más reveladoras se encuentran
en las cartas a sus padres y hermanas. Es por ello que veo
significativo citar palabras textuales de las personas a las que hace
referencia este texto.
Reconstrucción
de
la casa natal de Fryderyk Chopin, ?elazowa Wola
Se cuenta que de bebé lloraba incontroladamente con el
sonido de la música. De pequeño,
cariñosamente la familia le llamaba Frycek (Fede). Era un
chiquillo de claros ojos castaños, rostro fino y cabellos
rubio ceniza. Cuando empezaba a andar se le encontraba agazapado bajo
el piano para así oír mejor la
vibración de las cuerdas. Se cuenta que una noche, cuando
tenía cuatro o cinco años, la criada le vio bajar
de la cama, dirigirse al salón y tocar sobre el clavicordio
las piezas predilectas de su madre. La criada se lo contó a
Justyna y ésta tras escucharlo durante un buen rato se le
acercó y le dijo:
“Está muy bien, Frycek pero ahora debes
acostarte”. El chiquillo contestó:
“Perdón, mamá, lo hacía
únicamente para poder tocar por ti cuando estés
cansada.”
Junto a su hermana Emile confeccionaba un periódico con el
que irónicamente parodiaba el ‘Correo de
Varsovia’.
Era un chico encantador, de exquisitas maneras, siempre diciendo las
cosas correctas, sabiéndose comportar en todas las
situaciones y sonriendo modestamente.
Antes de los seis aprendió tanto y tan
rápidamente que podía tocar cualquier
melodía escuchada e improvisaba sobre ella.
La mayor contribución de ?ywny a la historia de la
música fue que reconoció que estaba en presencia
de un genio y no intentó reeducarlo, y ni siquiera
intentó corregir su particular digitación.
Además, le inculcó el amor hacia J. S. Bach.
Chopin tocaría una fuga de Bach casi a diario como
ejercicio. En una ocasión, ante su alumna la condesa F.
Müller Streicher tocó de memoria catorce preludios
y fugas de Bach, y al acabar dijo a la pasmada jovencita:
“¡Esto nunca se olvida!”. La
única música que Chopin se llevó hacia
Mallorca fueron los veinticuatro preludios y fugas de J. S. Bach. De
hecho, sus veinticuatro preludios fueron un homenaje hacia Bach.
El pequeño Fryderyk era un niño activo y
bullicioso. También poseía un gran sentido del
humor y una irresistible capacidad para hacer imitaciones.
Durante los largos y cálidos meses de verano, iba a pasar
las vacaciones a las posesiones campestres de sus amigos.
Allí, empezó a sentir la influencia de los
campesinos polacos y de su música.
Chopin
en un dibujo a
lápiz por Eliza Radziwi??, 1826
Le gustaba asistir a los salones de la aristocracia y tocar para ellos.
Durante la estancia del Zar Alejandro en Varsovia en abril de 1825, fue
invitado para exhibir un nuevo tipo de piano-órgano,
denominado eolomelodicón, diseñado por un
profesor de mecánica polaco. Por ello, el Zar le
regaló un anillo de diamantes.
Asistía con frecuencia a representaciones de
ópera. El joven adoraba el canto. Toda su música
es melodía y nunca encontramos, a diferencia de la de Liszt,
el puro virtuosismo. “Si quieren tocar el piano es necesario
que sepan cantar” decía a sus alumnos, y a alguno
le aconsejaba tomar antes lecciones de canto y escuchar muchas
óperas italianas. La vuelta de la ópera se
hacía en plena oscuridad, candil en mano,
hundiéndose en la nieve. Grave imprudencia, en 1827
había adelgazado aún más.
La salud de Fryderyk, junto con la de su hermana Emile empezaba a ser
preocupante. Ambos fueron en el verano de 1826 a unas curas en los
balnearios de Dusznik Zdroj. Mientras que Fryderyk sí pudo
recuperarse, Emile sucumbió a la enfermedad. El 10 de abril
de 1827 la tragedia golpea a la familia Chopin. Emile muere de
tuberculosis a la edad de 14 años. Esta muerte deja una
profunda huella en el joven Fryderyk. Un mes antes, Fryderyk
describía su enfermedad en medio de una divertida y alegre
carta, como si fuera poca cosa. Aquí ya podemos ver una
característica que le acompañará toda
su vida: su ingenuidad. “Ella empieza a toser, escupe
sangre... no come nada; está tan pálida que no se
la reconoce...”.
Como adolescente se sentía seguro, feliz, y a menudo
malicioso con un fino sentido del humor. Conseguía atraer
fácilmente a devotos y duraderos amigos. Aunque siempre fue
un hombre inseguro emocionalmente. El hogar de Varsovia era para
él un entorno feliz, y a diferencia de las hostiles
relaciones paternales de Mozart, Fryderyk adoraba a su padre Miko?aj,
cayendo en una profunda depresión a la muerte de
éste. En general adoraba y amaba a toda su familia. Su
hermana mayor, Ludwika, fue su mejor y más cercana
consejera, y la única que pudo estar en su lecho de muerte.
Ambos se escribían largas cartas y a menudo Fryderyk le
enviaba sus últimas composiciones, especialmente mazurcas,
que ella adoraba. (De jóvenes solían tocar el
piano a cuatro manos).
De todos sus amigos, que eran muchos, cuatro llegaron a ser sus
íntimos: Tytus Woyciechowski, Jan Bia?ob?ocki, Jan
Matuszy?ski y Julian Fontana. De ellos, Tytus se ganó el
mayor afecto escribiéndole confidencias íntimas
después de la muerte de Jan Bia?ob?ocki en 1827 por
tuberculosis ósea. Fue Tytus quien
acompañó a Fryderyk en su segundo viaje a Viena.
Tras el levantamiento de Varsovia Tytus volvió para unirse a
la rebelión. Después, se casó en 1838
y vivió en su localidad natal de Poturzyn. Tras su huida de
Viena, nunca jamás se volvieron a ver, aunque Fryderyk le
estuvo escribiendo hasta dos meses antes de su muerte.
En su extraña relación, parecía un
romance por correspondencia, con Chopin actuando como
‘amante’ en el sentido retórico. Aunque
Fryderyk se dirigía a él como “mi
amor” o “mi vida” o le enviaba besos
húmedos en la boca, no hay ninguna evidencia que hubiera una
relación homosexual.
Retrato
de Chopin por Teofil
Kwiatkowski
De todos sus amigos, que eran muchos, cuatro llegaron a ser sus
íntimos: Tytus Woyciechowski, Jan Bia?ob?ocki, Jan
Matuszy?ski y Julian Fontana. De ellos, Tytus se ganó el
mayor afecto escribiéndole confidencias íntimas
después de la muerte de Jan Bia?ob?ocki en 1827 por
tuberculosis ósea. Fue Tytus quien
acompañó a Fryderyk en su segundo viaje a Viena.
Tras el levantamiento de Varsovia Tytus volvió para unirse a
la rebelión. Después, se casó en 1838
y vivió en su localidad natal de Poturzyn. Tras su huida de
Viena, nunca jamás se volvieron a ver, aunque Fryderyk le En
una ocasión le
escribiría: “Voy a lavarme; no me beses ahora
porque aún no me he lavado, ¿y tú?
Incluso si me embadurno con aceites bizantinos, no me
habrías besado a menos que yo te fuerce a hacerlo
mágicamente... Hoy, soñarás que me
estás besando.” Tampoco hay evidencias de cartas
de Tytus hacia Fryderyk. Parece como si fuese un compañero
siempre listo a recibir las confidencias de Fryderyk. En otra
ocasión: “Sé que no te gusta que te
besen, pero permíteme hacerlo hoy”.
Podríamos explicar estas frases como bromas juveniles.
Además, no era inusual en los jóvenes hombres de
la generación Romántica, particularmente en
Polonia, escribir en un lenguaje erótico a hombres amigos.
Era la cultura del tiempo y del lugar. “Ámame como
yo te amo” no era un saludo tan anormal en el estilo
epistolar polaco del siglo xix.
Fue un joven muy culto, antes de los dieciséis ya
aprendió francés, que lo hablaba en casa con su
padre; alemán e italiano. Siempre curioso con cualquier
aspecto cultural, incluso las ciencias. En algunas de sus cartas
menciona a sus padres hallazgos científicos como
“...el telégrafo entre Baltimore y Washington
produce resultados extraordinarios...” o “el
descubrimiento de un nuevo planeta, Neptuno”; o “el
invento en Londres de un autómata que canta arias de
Haydn”.
Su timidez se refleja por ejemplo cuando en 1828 viaja a
Berlín acompañado de un zoólogo amigo
de Mikolaj, Felix Jarocki. Idolatraba por entonces a Felix Mendelssohn,
pero no llegó entonces a conocerlo personalmente porque
“me dio vergüenza presentarme a mí
mismo”.
Una visita que le impresionaría fue la de Niccolò
Paganini en Varsovia. Una vez dijo que los sonidos más puros
y perfectos eran la voz humana y el del violín.
De su primer viaje a Viena escribe: “...me aseguran que la
gente incluso llegó a saltar en los asientos”.
Fryderyk estaba eufórico y entusiasmado. El 18 agosto 1829
escribe: “Si el primer día fui bien recibido, hoy
ha sido todavía mejor.”
En Varsovia, el 3 de octubre de 1829 escribe a Tytus: “Para
mi desgracia, ya tengo mi ideal, a quien le he servido fielmente,
aunque en silencio, durante medio año. Sueño con
ella, los pensamientos que me inspira están en el adagio de
mi concierto [nº 2], y esta mañana me
inspiró el pequeño vals [nº3 re bemol
mayor Op. 70] que te envío... No te imaginas lo deprimente
que encuentro ahora Varsovia. Si no fuera porque mi familia alegra un
poco este lugar, no me quedaría. Pero es muy triste no tener
a nadie a quien acudir por las mañanas para compartir las
penas y las alegrías; es odioso cuando llevas una carga en
el alma y no puedes descargarla. Ya sabes a qué me refiero.
A menudo le cuento a mi pianoforte lo que quiero contarte a
ti”.
Konstancja
G?adkowska
por Anna Chamiec, 1975
La muchacha a la que se refiere era Konstancja G?adkowska. Sin embargo,
no hizo ningún esfuerzo en conocerla mejor ni cortejarla.
¿Timidez? ¿Inseguridad? No era un amor real, sino
platónico. Es muy probable que Konstancja no supiera ni
siquiera que Fryderyk estuviera enamorado de ella. Tras la muerte de
Chopin lo que pudo decir de él fue que “era
caprichoso, lleno de fantasías y variable”. Que
Konstancja fuera uno de los grandes amores en la vida de Chopin es un
gran mito romántico. Quince meses después de la
partida de Chopin de Varsovia, Konstancja se casó con
Józef Grabowski, un rico diplomático. Fryderyk
escribiría a Tytus que tenía un “afecto
platónico” hacia Konstancja, lo cuál
parece cierto, no tenía necesidad de mentir a
Tytus.
Se dice que se enamoraba y desenamoraba muy rápidamente.
Cuando a finales de octubre de 1829 Chopin visitó al
príncipe Radziwi?? en su propiedad campestre escribe a
Tytus: “Si fuera por mi placer personal temporal, me
habría quedado aquí hasta que me echaran, pero
mis asuntos, especialmente el concierto aún inacabado que
está esperando con impaciencia que acabe el finale, me
espolearon para que abandonara este paraíso. En
él hay dos Evas: unas princesas jóvenes,
criaturas sensibles y con dotes musicales...” de una de ellas
se refiere “...tiene diecisiete años y es guapa;
realmente fue un placer guiar sus pequeños dedos”.
Hubo también un flirteo adolescente con Alexandrine de
Moriolles, la hija del tutor del hijo del Gran Duque Konstanty. En su
primera visita a Viena flirteaba con entusiasmo con Leopoldina
Blahetka, bella alumna de Czerny. Chopin se había
pronunciado él mismo como propenso a enamorarse, o pensar
que lo estaba, con muchas mujeres pero siempre muy brevemente. Su
biógrafo Niecks observa que podía amar
apasionadamente a tres mujeres en el curso de un tarde en alguna fiesta
y olvidarlas tan pronto cuando regresaba.
Poco antes de marcharse definitivamente de Varsovia confiesa:
“Tengo la impresión de que me voy para no volver
nunca. ¡Qué triste debe de ser morir lejos de los
nuestros!” Su profecía se cumplió.
El 11 de octubre de 1830 dio su concierto de despedida, y Fryderyk se
las arregló para que en él participara su
idolatrada Konstancja.
Litografía
del
levantamiento de Varsovia, 1830
Seis días después de llegar a Viena con Tytus,
estalla la rebelión en Varsovia, el 29 noviembre de 1830. La
leyenda cuenta que ante la noticia, Chopin compuso de un
tirón el famoso estudio ‘Revolucionario’
(Op. 10 nº 12) cuyo nombre lo puso por primera vez Franz
Liszt. Pero es falso, fue terminado en 1831 ó 1832, y
además, todas sus obras publicadas en vida están
intensa y escrupulosamente trabajadas. Tytus vuelve a Polonia para
unirse a los insurrectos, y Fryderyk, solo y ante las pocas
expectativas en Viena da las primeras muestras de desórdenes
emocionales y depresión: “Hoy estoy sentado
sólo y en batín, mientras escribo al tiempo que
no ceso de morderme el anillo. Si no fuera porque sería una
carga para mi padre, regresaría. Maldigo el día
en que me fui. No paro de asistir a veladas, conciertos y bailes, pero
me aburren mortalmente; para mí todo lo que hay
aquí es triste y deprimente. Tengo que vestirme y arreglarme
para salir: en compañía de otras personas debo
parecer tranquilo, y cuando llego a casa me desahogo en el
piano.”
Iglesia de la Santa
Cruz,
Varsovia,
pintado por Canaletto, 1772
Y en enero de 1831 a Jan: “¿Qué hacen
mis amigos? ...moriría por vosotros, ¿por
qué estoy tan solo? ¿es que solamente vosotros
podéis estar juntos en un momento tan espantoso? ...Hoy es
Año Nuevo ¡de qué manera tan triste lo
empiezo! Quizás no lo acabe. Abrázame.
Tú te vas a la guerra. Vuelve hecho coronel. Buena suerte a
todos vosotros. ¿Por qué no puedo yo tocar el
tambor?”
Su compleja personalidad también incluía una
aversión a tomar decisiones sobre importantes cosas de la
vida, rogando a sus padres y amigos que le dijese qué hacer.
“Sabes que soy la persona más indecisa en el
mundo” escribiría a Jan Matuszy?ski.
Al final, siguió su propio instinto y abandonó
Viena el 20 de julio de 1831 en ruta hacia París pasando por
Linz, Salzburgo, Munich y Stuttgart, suplicando a los suyos que le
enviaran fondos a Munich lo más pronto posible. Ya que la
embajada rusa en Viena había rechazado sellar su pasaporte
para viajar a Francia, fue autorizado a ir sólo tan lejos
hasta Munich. Chopin tenía que viajar con pasaporte ruso
porque Varsovia era parte de Rusia. El embajador francés,
Monsieur Maison selló el pasaporte y con él
Chopin fue a los rusos para pedir acreditación de ir a
Londres pasando por París. En el pasaporte se
anotó “de paso” hacia París.
Chopin, posteriormente bromearía que pasó su vida
“de paso” en París.
Fryderyk Chopin llegó a París en la tarde del 11
de septiembre de 1831 y con su acento polaco le preguntó a
un oficinista de la terminal de carruajes dónde
podía hospedarse. Éste le recomendó
una fonda en la calle Cité Bergère.
Allí en esa pequeña habitación
estaría por casi dos meses.
La Revolución en Francia de 1830, la llamada
‘Monarquía de Julio’ marcó el
posterior devenir de Fryderyk Chopin en París. El movimiento
llamado Romanticismo, en esa época, acentuaba la realidad y
el individualismo así como las emociones y la sensualidad, y
surgió junto con dicha Revolución. Si la
Revolución de 1789 destruyó la
monarquía absoluta y la anciana aristocracia, la
revolución de 1830 creó un nuevo orden llevando
la burguesía al poder. El duque de Orleáns fue
coronado Rey de Francia como Louis Philippe. Bajo el reinado de la
‘Monarquía de Julio’ el Romanticismo en
las artes experimentó un gran auge y Chopin
apareció en la escena en el momento álgido y
apropiado para brillar y triunfar.
Por esta época su personalidad era enormemente encantadora,
su apariencia impecable, de exquisitas maneras, muy seguro de
sí mismo profesional y musicalmente. Con voluntad de hierro,
gran trabajador, disciplina y un gran talento como hombre de negocios.
Adorado por todas las mujeres de todas las edades y apreciado y
respetado por hombres.
Al mismo tiempo, era un hombre misterioso, reservado. Erigía
murallas sobre su persona para proteger su siempre deteriorada salud
física, y corazón y alma torturada que nunca
desnudaba a casi nadie. De personalidad compleja, anhelaba
compañía, pero se confiaba a muy pocos, y buscaba
aislamiento. En una carta a Tytus se quejaba: “No
creerías cuán triste me siento de no tener a
nadie a quien llorar. Tú sabes con qué facilidad
consigo relaciones, sabes cómo me gusta la
compañía humana...pero luego estoy hasta el gorro
de tales conocidos...no hay nadie, nadie a quien le pueda suspirar. Por
eso sufro...incluso mientras te escribo no soporto el toque del timbre
de la puerta.”
De hecho, Chopin tenía dos personalidades muy distintas: una
personalidad polaca privada, cálida y encantadora, exclusiva
para aquellos con quienes él se sentía
más cercano (la mayoría, pero no todos, otros
polacos), y una pública, impecablemente educado, pero
frío y distante.
Sufría de típicos cambios bruscos de humor
maniaco-depresivos que a veces eran violentos. Cuando estaba
profundamente deprimido se encerraba con llave en su
habitación durante días, sollozando suavemente.
Frecuentado por constantes premoniciones de una muerte inminente,
Chopin estaba dotado sin embargo de un malicioso sentido del humor
sobre él mismo y sobre los demás. A menudo
hablaba despreciativamente de su gran nariz. En ocasiones se
despedía en sus cartas a Sand refiriéndose
él mismo como “tu anciano
momificado”.
Caricaturas
dibujadas por
Chopin con lápiz a la cera, 1828
Era un comediante natural y espontáneo, caricaturista,
podía haber sido un actor excelente. Le encantaba la
mímica y la practicaba con frecuencia, gustándole
mucho imitar y caricaturizar a otros pianistas, especialmente a Franz
Liszt, con su dramático estilo rimbombante. Chopin
tenía los ojos vivos de un novelista o periodista
satírico, chorreando colorido y descripciones maliciosas,
normalmente en cartas hacia su hogar, sobre extranjeros, conciertos,
otros compositores y artistas, y sus editores musicales, a quienes
llamaba a menudo “esos tramposos perros de caza
judíos”. Sus críticas las confiaba en
cartas personales y conversaciones con unos pocos selectos amigos,
sobretodo antiguos compañeros de colegio en Varsovia.
En su día a día, Chopin podía ser
alternativamente egoísta e inmensamente generoso,
extremadamente considerado y extremadamente desconsiderado con la
gente, arrogante y humilde, profundamente suspicaz y confiado, y
explosivamente irritable. Era un perfeccionista, incluso pedante a
veces. Retocaba las obras incluso en el mismo momento de entregarlas
para editarlas. Era tan perfeccionista y maniático que daba
estrictas normas a su amigo Fontana de cómo tenía
que ordenarse el apartamento que había alquilado, incluso
dibujando croquis. En una ocasión escribía a
Fontana: “Ten cuidado con mis manuscritos, no los arrugues,
no los ensucies, no los rompas...tiemblo por mis papeles.”
Era un hombre de supremo buen gusto, extremadamente elegante, y
obsesionado siempre con ir a la moda, con sus inmaculados e impecables
guantes blancos. Hacía girar la vista de las francesas hacia
él, haciendo a los hombres celosos de él. Liszt
escribió: “Había tanta
distinción en su postura y sus gestos tenían la
marca de una buena crianza tal que era tratado como un
príncipe”.
Era eminentemente práctico, sobretodo con el dinero,
necesario para pagar su altísimo estilo de vida, incluyendo,
no mucho después de su llegada a París, un
caballo alquilado, carruaje, cochero, y un mayordomo las veinticuatro
horas del día. Para hacerse una idea, cobraba 20 francos la
hora de piano, daba unas cinco horas diarias, así que ganaba
unos quinientos francos a la semana. Esto sin contar ingresos por
conciertos o ediciones musicales. Un doctor cobraba unos diez francos
por una asistencia, y un trabajador medio entre diez y quince francos a
la semana.
Admiraba a muy pocos compositores coetáneos. Un ejemplo de
ello lo tenemos cuando Robert Schumann tras leer las
‘Variaciones sobre Là ci darem la mano’
de Chopin exclamó en la ‘Allgemeine Musikalische
Zeitung’: “¡Señores,
quítense el sombrero, un genio!”, pero Chopin,
mostrando la descortesía con la que a menudo trataba a otros
compositores, no hizo ningún esfuerzo para
agradecérselo a Schumann. Nunca tuvo palabras de elogio
hacia el músico alemán, aunque había
cordialidad entre ellos, y le dedicó su Balada nº
2, pero a veces lo ridiculizaba:
Caricatura
de Fryderyk Chopin
por Maurice Dudevant; Marsella, 1839
“Figúrate
[decía a Tytus] que en el quinto compás del
adagio cuenta cómo Don Juan besa a Zerlina en el Re bemol
mayor! ¡La imaginación de este alemán
es para morirse!”. Es posible que sintiera competencia de
rivalidad, al ser publicada por aquel entonces la gran obra
‘Papillons’, de Robert Schumann. Otro ejemplo lo
tenemos en una carta a Elsner hablando de Cherubini, que
había entrado ya en los setenta años, y al que
tachaba de “momia seca”. En otra
ocasión, Wilhelm von Lenz, un distinguido pianista alumno de
Chopin recuerda una escena cuando Meyerbeer llegó sin
anunciarse mientras tocaba una mazurca. “’Eso
está en 2/4’ dijo Mayerbeer. Lo volvió
a repetir mientras Chopin, lápiz en mano batía el
tiempo sobre el piano. ‘2/4’ una vez más
repitió calmadamente. Sólo he visto una vez a
Chopin perder los nervios. Sus pálidas mejillas se pusieron
rojas. ‘Está en 3/4’ dijo en voz grave.
‘Te lo demostraré’ replicaba Meyerbeer.
Chopin casi vociferaba ‘¡Está en
3/4!’ cuando normalmente no elevaba su voz más
allá de un murmullo. Me apartó y se
sentó al piano. Tres veces tocó la mazurca
contando en voz alta y marcando el ritmo con los pies. Meyerbeer no se
convenció y salieron enfadados. Estaba claramente en
3/4”.
Otro ejemplo lo tenemos en la crítica que hace en tono de
humor del compositor Sowi?ski: “No lo puedo soportar cuando
suena el timbre y ‘algo’ con un bigote, grande,
alto, obeso, entra y se sienta al piano, y esa cosa no sabe ni ella
misma qué está
improvisando...’Eso’ golpea, estalla sin
sensibilidad, se lanza sobre el piano, cruza las manos, truena durante
cinco minutos sobre una sola tecla con un dedo gordo que en alguna
parte de Ucrania estaría hecho para látigos y
riendas. Aquí tienes un retrato de Sowi?ski. Si alguna vez
se puede mostrar charlatanería y estupidez en arte, no
sería tan perfecto como lo que tengo que escuchar caminando
habitación arriba y abajo. Mis orejas se enrojecen, me
gustaría echarlo por la puerta, pero tengo que contenerme,
incluso ser tierno. No puedes imaginar nada como eso, pero como ellos
(‘ellos’ que sólo saben de corbatas) lo
consideran como alguien, tengo que fraternizar”.
Ryzsard Przyblzski, un historiador de música polaco comenta
que Beethoven seguramente lo hubiera arrojado por la puerta.
Había definitivamente un toque de hipocresía en
Chopin. En menos de un mes después de escribir esta feroz
carta invitó a Sowi?ski a un concierto en grupo. Fryderyk
usaba comúnmente la expresión “componer
a la Sowi?ski”.
También se refirió a Friedrich Wieck como
“muy estúpido”.
Los franceses como pueblo también fueron blanco de su
desdén privado. En Stuttgart cuando supo de la
caída de Varsovia deseaba “que caiga el peor
castigo sobre Francia“, comprensible por el inestable estado
emocional del momento, pero menos comprensible en otra
ocasión sus palabras: “Tengo testigos quienes se
maravillan, junto conmigo, que los franceses son
estúpidos”. Y hacía chistes y burla de
los errores de pronunciación y ortografía de los
nombres de héroes polacos del levantamiento realizados por
actores franceses.
Autógrafo
del
manuscrito del estudio nº4 Op. 10
Tampoco él llegó a dominar por
completo el francés, manteniendo su francés con
acento polaco y cometiendo numerosas faltas ortográficas en
sus cartas. Tampoco pensaba muy distinto de los gobernantes franceses,
pues alguna vez llamó al Rey Louis Philippe
“tonto”. “Es una extraña
nación” comentaba en la misma carta.
Sin embargo, a pesar de ser un crítico, aborrecía
las críticas hacia su música o sus
interpretaciones pianísticas. Según Frederick
Niecks ésta era una gran tragedia para Chopin:
“Había muchos hombres de menos valía
que ganaban laureles mientras que él fracasaba para obtener
una aclamación popular justa. Esto para él era
una desilusión, la cual, como un cáncer maligno,
le torturaba cruelmente y lentamente le consumía”.
“La oposición e indiferencia, que estimula a las
más vigorosas naturalezas, afectaban a Chopin tanto que le
hacían marchitar”.
.
Entre las críticas que tenía que soportar,
algunas de la Gazette musicale “Es muy difícil no
ser monótono en un concierto para piano”. O esta
de 1837 tan feroz sobre sus composiciones: “Va en busca de
una idea, la escribe, la modula por todas las veinticuatro tonalidades,
y si la idea falla, la escribe sin ella y concluye la
pequeña pieza de forma agradable”. Aunque no todas
las críticas eran negativas. La Gazette musicale
escribiría sobre un concierto celebrado por Chopin y Liszt:
“Los más grandes pianistas de nuestra
época.”, y en 1838
“¿Quién es el mejor pianista, Liszt o
Thalberg? Dejad que el mundo conteste...¡Chopin!”.
Su exagerada sensibilidad fue sin duda la razón principal de
su reticencia a tocar en público en grandes salas, mientras
que se sentía más cómodo en salones
con un grupo reducido de gente que además
conocía. Fue de los que menos conciertos públicos
dio entre los pianistas de renombre, sólo treinta en treinta
años, desde 1818 a 1848. Una vez explicó sus
sentimientos a Liszt: “No estoy preparado en absoluto para
dar conciertos, la multitud me intimida, su respiración me
sofoca, me siento paralizado por miradas curiosas, y las caras
desconocidas me enmudecen”.
Como ejemplos de su agudo sentido del humor hay muchas
anécdotas. En su primer viaje a Londres, 1837, descubriendo
una compañía inglesa llamada Duppa & Co.,
informaba que “aquí tienen Duppy (plural de la
palabra polaca ‘Duppa’ [culo]) extendidos por todos
los letreros. ¡¡Ahora podemos elogiar a
Londres!!”
En Mallorca, y ante el preocupante estado de su salud, Chopin cuenta a
Fontana de forma perspicaz que los tres médicos
más famosos de la isla le examinaron: “Uno
olió lo que yo había escupido, el segundo dio
golpecitos desde donde yo había escupido; el tercero me
tocó y escuchó cómo había
escupido. El primero dijo que me muero, el segundo que me estoy
muriendo y el tercero que moriré”.
En otra ocasión, Sand narra una divertida escena a su amiga
Marie de Rozière, ante el caluroso verano de 1846:
“Chopin está completamente sorprendido con el
sudor. Está infeliz, y se queja que se mantiene lavado y
limpio, pero huele. Nos hace reír hasta el punto de hacernos
saltar las lágrimas de ver cómo este ser tan
etéreo no consiente en sudar como cualquiera...Huele a agua
de colonia, pero le decimos que huele como un carpintero, y va volando
hacia su habitación como persuadido de su propio
olor...Abrazos, Chopin no, ¡él huele!”
Pocas composiciones específicas, si las hay, parecen
reflejar su humor o estado de salud en el momento particular de su
creación.
En París pronto se hizo con un buen círculo de
buenos amigos. Sus mejores amistades fueron Franz Liszt, el pianista
Ferdinand Hiller, el compositor Felix Mendelssohn, el violonchelista
Auguste Franchomme, el pintor Eugène Delacroix, el poeta
Mickiewicz, los condes Plater, el príncipe Czartoryski y su
familia; la bella cantante Delfina Potocka, el marqués de
Custine, homosexual declarado; el cantante Adolph Nourrit, que se
suicidó años más tarde por celos; el
conde polaco Wojciech Grzyma?a, sus amigo de la infancia y pianista
Julian Fontana y Jan Matuszy?ski; el cónsul
español Manuel Marliani y su esposa Charlotte; el poeta
Heine, el constructor de pianos Camille Pleyel, el editor Schlesinger,
el banquero Léo, la cantante Pauline Viardot y su marido
Louis; el poeta Stefan Witwicki; la familia Rothschild, la
más poderosa financieramente de Francia; la familia real
polaca Radziwi??; el compositor y pianista Charles Valentin Alkan; y
Marie de Rozière.
Franz
Liszt
La relación con
Franz Liszt, sin embargo, fue siempre compleja, fluctuante y
conflictiva. Chopin se uniría a él en grandes
conciertos, y le confesaba su admiración por la
maestría al piano, pero también era capaz de
decir horrores a sus espaldas. En una carta a un amigo:
“...uno de estos días será un miembro
del Parlamento o quizás incluso el Rey de Abisinia o el
Congo”.
En una carta a Hiller: “Escribo sin saber qué
está garabateando mi pluma porque en este mismo instante
Liszt está tocando mis estudios, y me transporta
más allá de los límites del
pensamiento racional...me gustaría robarle su forma de
interpretar mis propias creaciones.”
Sobre 1842 las relaciones con Liszt se enfrían
muchísimo; además, su amante, la celosa y
posesiva Marie d’Agoult se convirtió en enemiga
feroz de George Sand, intercambiando con ella sucias cartas, pues
creía que Sand tenía un asunto amoroso con Liszt.
En realidad, fue Chopin quien eligió distanciarse de Liszt,
que posiblemente envidiara su talento al piano, mientras que el
húngaro, a pesar de ocasionales comentarios punzantes sobre
Fryderyk, permaneció siempre como su admirador fiel. En la
etapa más fría, Liszt escribe: “Quiero
tener esta oportunidad para repetir una vez más, incluso si
me consideras aburrido, que mi amistad y admiración por ti
siempre permanecerá sin cambios, y que puedes disponer de
mí como amigo bajo cualquier circunstancia”. Se
desconoce si Chopin respondió, ni cómo.
Como ni los mayores genios están exentos de errores, el
ídolo de Fryderyk fue el pianista Kalkbrenner, a quien Liszt
le consideraba pianista de segunda fila. Lleno de una vanidad sin
límites, Kalkbrenner le dijo que si quería
perfeccionarse tenía que trabajar tres años bajo
su dirección. Chopin, desconcertado, aceptó que
le diese algunas lecciones. Muchos pusieron el grito en el cielo. Liszt
le aconsejó no seguirlas, al igual que Mendelssohn.
Chopin en el
salón
del príncipe Radziwi??, 1829, cuadro de Siemiradzki
Era un frecuente y altamente predilecto invitado en muchos salones
parisinos; a veces estaba sentado al piano hasta casi el amanecer
encantando a la audiencia principalmente con sus propias obras (Chopin
tocaba en público casi sin excepción siempre su
propia música) y con payasadas de imitaciones a otros
pianistas y compositores, imitando además de sus gestos
incluso sus voces.
Beethoven improvisaba admirablemente. Pero Chopin no tuvo quien se le
pudiera comparar, aunque ambos sabían que las obras pensadas
sobrepasan a las improvisadas. Es una trágica
pérdida que ninguna de sus improvisaciones fuesen
transcritas por camaradas músicos que le escuchaban. Entre
sus salones preferidos estaban los del príncipe Czartoryskis
y los del conde Ludwik Plater.
Un ‘salón’ parisino era como un hotel
particular. Una o dos veces por semana se organizaban cenas, donde
había abundancia y suculencia. Después llegaban
invitados y se organizaban conversaciones cultas; trajes de noches,
alhajas, una voluptuosa penumbra, atmósfera de lujo y bellas
jóvenes emocionadas con la música.
Sin duda, el acceso a la sociedad de alto nivel de París
(miembros de la familia real francesa, aristocracia,
burguesía poderosa, y diplomáticos extranjeros)
fue esencial en el progreso de Chopin hacia una posición
alta y en la adquisición de alumnos que tenían
tanto talento como dinero. Fue lo suficientemente práctico
como para entenderlo y mantendría estas relaciones para el
resto de su vida.
Justyna
Krzy?anowska
Chopin desarrolló la costumbre de dedicar sus obras a amigos
especiales (Tytus, Delfina y Liszt) o personas influyentes a quien
debía favores o de las que esperaba obtenerlos. Curiosamente
nunca dedicó nada oficialmente ni a Konstancja, ni a Maria
Wodzi?ska ni a George Sand. George en cambio le dedicó a
Chopin su novela ‘La Mare au diable’, una de las
mejores.
La paradoja central en Chopin fue que su confianza en sí
mismo como músico fue contrarrestada con recurrentes
compasión de sí mismo como persona.
En el verano de 1834 llega a París Jan Matuszy?ski (Ja?),
probablemente el amigo más íntimo
después de Tytus. Fryderyk lo invitó a compartir
su apartamento de Chaussée d’Antin.
Podía hablar polaco cuando quisiera, siempre deseoso de
hacerlo. Pero al final de 1836 Ja? contrae matrimonio y Fryderyk vuelve
a vivir sólo.
En 1835 sucedió un hecho muy importante para su vida
emocional. Se enteró que sus padres estaban planeando tomar
una cura en el balneario de Karlsbad (hoy, Karlový
Varý). No los veía desde hacía cinco
años y decidió darles una sorpresa. Las cuatro
semanas del verano de 1835 que pasó con sus padres fueron
sin duda las más felices de toda su vida. Hacía
poco que había obtenido el pasaporte francés y
era libre para viajar. Fryderyk escribe a sus hermanas:
“¡Nuestra felicidad es indescriptible! Nos
abrazamos y nos abrazamos y ¿qué más
podemos hacer?... Qué amable es el Señor con
nosotros... Lo que escribo está sin orden, es mejor no
pensar en nada hoy: disfrutar de la felicidad para la cual uno ha
vivido. Los mismos padres, aunque han envejecido un poquito.
Paseamos... hablamos sobre vosotras. Bebemos, comemos juntos, nos
acariciamos, nos reñimos. Estoy en el colmo de la felicidad.
Las mismas costumbres, los mismos movimientos con los que me he
criado... la misma mano a quien no he besado durante tantos
años... Es imposible juntar mis pensamientos y escribir
sobre otra cosa que no sea de lo felices que somos... Hoy se ha
cumplido nuestra felicidad, felicidad y felicidad...”.
El 14 de septiembre los Chopin se despidieron de su hijo de vuelta a
Varsovia. Fue la última vez que se verían.
Justyna apenas podía mantener las lágrimas en la
última cena. Fryderyk se conmovió tanto que tras
la marcha de sus padres pasó el resto del día
encerrado en su habitación.
Las emociones no iban a acabar ahí. Tras la despedida de sus
padres se dirigió a Dresde a visitar a la rica familia
Wodzi?ski, amigos de la infancia, cuyos hijos, Felix y Antoni
habían sido compañeros suyos de colegio. De joven
había jugado y tocado al piano para la pequeña
Maria Wodzi?ska. Pero ahora Maria tenía dieciséis
años. Se enamoraron rápidamente en las dos
semanas que allí estuvo. Prometieron verse el siguiente
año. Los Wodzi?ski le trataban como de la familia y al
principio veían bien la relación con su hija.
Maria
Wodzi?ska, retrato por
Anna Chamiec, 1969
El año de 1836 lo pasó Chopin pensando tener un
compromiso real de formar una familia con Maria y planeaba volver a
Dresde ese mismo año. Recibió una carta de Teresa
Wodzi?ska, madre de Maria; iban para el balneario de Marienbad, y
Fryderyk cambió sus planes dejando París a mitad
de julio para ir hacia Marienbad. Fryderyk enseñaba el piano
a Maria, ésta hacía bocetos a la acuarela de
él. Pasaron casi un mes juntos. Según
Józefa, la hermana de Maria, estaba en muy buen humor todo
el tiempo. Sin embargo, otros le recuerdan como egoísta y
brusco. Cuando Rebecca Mendelssohn, la hermana de Felix Mendelssohn,
que estaba en Marienbad, le pidió que tocara al menos una
mazurca, Chopin lo rechazó de forma tan brutal que ella
escribió una carta de amarga queja hacia su hermano. Para
muchos conocidos, Fryderyk aparecía tenso e irritable,
excepto cuando estaba con los Wodzi?ski. Pero Fryderyk ese
año estaba muy pálido y tosía mucho. A
Teresa le preocupaba ese estado de salud. El médico de los
Wodzi?ski concluyó que para preservar su salud
tenía que llevar un estilo de vida cuidadoso. Teresa
decidió que la obediencia de Fryderyk tenía que
ser testada durante un año. Estas discusiones las
mantuvieron durante la hora del crepúsculo en la
víspera de su partida. Chopin aparentemente
accedió a seguir sus consejos, pero estaría fuera
de su carácter y estilo de vida seguir aquellos consejos. En
1837 ya él sabía que Maria no iba a ir
Sobre
donde Chopin
guardó todas las cartas de Maria y Teresa Wodzi?ska y las
tituló ‘Moja bieda’
contra la
voluntad de sus padres, así se lo había avisado
su amigo y hermano de Maria, Antoni. En sucesivas cartas de 1837 Teresa
le estaba avisando indirectamente que no contaba con él para
sus planes con su hija. A pesar de ello, Fryderyk aún
esperaba ser invitado a Dresde ese año. Una carta de
contenido desconocido le hizo ver la dura realidad
informándole, parece que los Wodzi?ski no iban a ir a
Dresde. Chopin pasivamente aceptó el veredicto. En su
apartamento, Chopin juntó todas las cartas de Maria y Teresa
Wodzi?ska junto con una rosa que su prometida le había dado
en Dresde. Las colocó en un sobre en el cuál
escribió “¡Moja Bieda!” (Mi
pena) y las ató con un lazo azul.
Las mantuvo hasta su muerte, después de todo, Fryderyk era
un sentimental.
Ironías de la vida, Maria se casó en 1841 con el
adinerado hijo de Fryderyk Skarbek (dueño de ?elazowa-Wola),
después se divorció, se volvió a casar
y quedó viuda.
Más allá de las cuestiones de salud, las causas
de la ruptura están más bien en los inciertos
ingresos del compositor y que los Wodzi?ski querían que
Maria se casase con alguien de mayor posición social.
George
Sand (Aurore Dupin)
Fue muy interesante el primer encuentro de Fryderyk con George Sand, la
tarde del 24 de octubre de 1836 en el Hotel de France,
recepción dada por Liszt y su amante Marie
d’Agoult. Chopin tocaba en turno junto con Liszt y Hiller
mientras George escuchaba pensativamente fumando un puro.
Vestía un atuendo masculino. Según Niecks fue
George Sand quien tenía interés en conocerle
después de haber escuchado alabanzas sobre su
música, y pidió a su amigo Liszt concertara ese
encuentro. La reacción de esa extraña mujer en
Chopin fue “¡Qué mujer más
repulsiva! ¿Pero es realmente una mujer? Lo dudo.”
Sand escribió poco después sobre él
que era “alguien tan noble, tan
aristocrático”. Pero esa primera negativa
impresión duró muy poco. El 5 noviembre la
invitó a una cena privada junto con Liszt y Marie
d’Agoult. Y el 13 de diciembre George fue la invitada de
honor en una fiesta privada de un grupo selecto: Liszt, Marie, el
marqués de Custine, Adolphe Nourrit y cinco amigos polacos
de Fryderyk. George Sand vestía un traje blanco con
fajín rojo (los colores de la bandera polaca). Chopin estaba
entusiasmado. En su diario que mantenía irregularmente
escribía: “La he visto tres veces. Me mira
profundamente a mis ojos mientras toco. Mi corazón bailaba
con ella...y sus ojos sobre mis ojos, ojos sombríos,
singulares, ¿qué es lo que estarán
diciendo? Se inclinaba sobre el piano y su mirada efusiva me
inundaba... ¡Mi corazón fue capturado!... Aurora,
¡qué encantador nombre!”. Curiosamente
no la llamaba nunca ni Aurore ni George, sino Aurora.
Parecía enamorado, sin embargo el
‘affair’ Maria aún no había
acabado.
Otra curiosidad es que George Sand descendía de genes
polacos, concretamente de un rey polaco, Fryderyk-August II Rey de
Polonia y del hijo bastardo de éste, Maurice de Sajonia, su
bisabuelo. George Sand es su nombre artístico. Su verdadero
nombre fue Aurore Dupin. Tuvo una infancia atroz. Se crió
prácticamente sin padre y a los diecisiete años
ya era la dueña de la mansión de Nohant.
Tenía muchos conocimientos de música, montaba a
caballo y leía a los grandes filósofos y poetas.
Trabajadora infatigable, dotada de un gran talento de escritor y de una
imaginación sin límites. Católica
ferviente, luego vagamente cristiana y al final socialista de
izquierdas. Tuvo una vida emocionalmente tumultuosa, con un fracasado
matrimonio y con numerosos amantes. Es muy probable, que su hija
Solange fuese el resultado de uno de sus amantes, Stéphane
Ajasson, y ocasionalmente George se refería a Solange como
“Mademoiselle Stéphane”. En 1831
nació George Sand como escritora. Comenzó
escribiendo junto con su amante Jules Sandeau. Su segunda novela ya la
escribió sola pero no quería poner su verdadero
nombre. Jules Sandeau vino con la solución. Le propuso que
su primer nombre fuera George, el nombre del santo que se celebraba
aquel día; y como apellido una contracción de
Sandeau para inmortalizar su mutuo amor. Aurore usó su nuevo
nombre en cualquier ocasión, tanto personal como
profesional. Así, el nombre ‘George
Sand’ nació en abril de 1832.
Fryderyk
Chopin, acuarela de
Maria Wodzi?ska, 1836
A pesar de haber conocido a Fryderyk Chopin en el invierno de 1836,
siguió manteniendo contactos con sus amantes por carta, e
incluso con esporádicos contactos sexuales. Pero el
interés de Sand por Chopin iba en aumento. Fryderyk, por su
parte, a pesar de su primer entusiasmo que pronto se apagó,
se mantenía alejado pensando todavía en la
posibilidad de casarse con Maria. Sand le pidió a Liszt que
invitase a Chopin a Nohant en la primavera de 1837. “Dile que
yo le pido que te acompañe [a Nohant], que Marie
[d’Agoult] no puede vivir sin él, ¡y que
yo le adoro!”. En abril va más allá
aún escribiendo a Marie d’Agoult: “Por
favor, dile a Chopin, a quien adoro, y a todos a quienes queremos, que
serán bienvenidos si tú los traes.”
Pero Chopin eligió no responder todas esas peticiones.
En otoño de 1837 Sand intentó aproximarse a
través de un amigo común, Wojciech Grzyma?a,
conocido como Albert por su nombre impronunciable. Es probable que a
través de Grzyma?a, Chopin y Sand se encontraran varias
veces pero no hay registro de ello, posiblemente por la gran cantidad
de cartas perdidas.
Su relación tomó un nuevo impulso el 25 de abril
de 1838 cuando a sugerencia de George, Charlotte Marliani
invitó a Chopin a una recepción en su hogar.
Incluso si se vieron el pasado octubre, no hay explicación
porqué no hubo más contactos hasta abril. Algunos
biógrafos registran que fue Marie d’Agoult quien
mantuvo a Chopin fuera de Sand para castigarla por supuestos flirteos
con Liszt. En el mundo parisino hubo muchos rumores sobre Liszt y
George aunque nunca fueron confirmados. Al siguiente día, el
26, Sand le escribe la famosa nota: “Alguien que te adora
– George!”
Villa
son vent, dibujo de Maurice Cartuja de
Valldemossa
“Esto es el paraíso absoluto” escribe
Sand a Marliani. Pero Fryderyk quiso mantener oculta esta
relación, quizás debido a sus amigos
aristócratas polacos conservadores. Y Mallefille, el
último amante de George no digirió bien el nuevo
status de George y cuando se dio cuenta que había sido
reemplazado por Chopin juró venganza. Un día
cuando ella salió del apartamento de Chaussée
d’Antin le amenazó con una daga y
desafió a Chopin a duelo. ¿Fryderyk, que nunca
había usado un arma en su vida, batiéndose con el
poderoso Mallefille? era absurdo. Grzyma?a intercedió y
Mallefille abandonó la idea.
No se sabe ciertamente quién tomó la iniciativa
ni por qué de pasar el invierno en Mallorca.
Quizás el asunto de Mallefille, también para
seguir ocultando su relación, y otra cuestión era
el reumatismo del hijo de Sand, Maurice, que necesitaba un clima
cálido. Por otra parte, Chopin se comprometió a
componer una serie de preludios y lejos de París sin las
clases y compromisos sociales sería una buena oportunidad.
Su primera idea fue ir al sur de Italia. Pero sus amigos
españoles, Marliani y Mendizábal le aconsejaron
la isla de Mallorca.
Para evitar chismorreos partieron por separado y se encontraron en
Perpignan. Primero lo hizo Sand el 18 octubre, con sus hijos Maurice y
Solange, y con su medio hermano Hippolyte y la criada Amelia.
“Salimos al amanecer...ámame ángel
mío, mi felicidad. Te amo” envía Sand a
Fryderyk. Chopin parte de París el 27 octubre con
Mendizábal, el ministro español. El 31 de octubre
se encontraron y Sand escribe a Marliani que Chopin parecía
“tan fresco como una rosa y tan rosado como un
rábano”.
La convivencia y relación con los hijos de Sand fue
determinante en la vida de Chopin, y mucho tuvo que ver con la
posterior ruptura años más tarde. Desde el
principio Maurice, de quince años, mostró
desdén hacia Fryderyk. Sand trataba a su nuevo amante como
su tercer hijo. Maurice tenía celos y resentimientos hacia
esta relación. Sin embargo, Solange, de diez años
encontraba a Chopin encantador. En la mañana del 1 de
noviembre, Chopin, Sand, sus hijos y Amelia embarcaron hacia Barcelona.
Allí pasaron cinco días antes de dirigirse a
Palma. Llegaron a Palma el 8 de noviembre. En Palma no había
muchos lugares para hospedarse. Encontraron un sucio apartamento en una
calle pobre. Pronto se mudaron a una casa de tipo
mediterráneo, en So’n Vent. Para Chopin, los
primeros días de Mallorca fueron de gran felicidad. El 15
noviembre escribe “Estoy en Palma, junto a palmeras, cedros,
cactus, olivos, naranjos, limoneros, áloes, higueras,
granados, etc. El cielo es como turquesa, el mar como
lapislázuli, las montañas como esmeraldas, el
aire es un paraíso...en una palabra, es una vida
maravillosa”. El tiempo fue perfecto y maravilloso durante
las tres primeras semanas. Pero el piano Pleyel no llegaba, irritando a
Chopin. Sand consiguió alquilar un piano
mallorquín de pésima calidad, de sonido tan feo
que lo frustraba aún más. Chopin escribe a
Pleyel: “Sueño con la música, pero no
puedo tocarla”. Chopin fue capaz de componer en ese
abominable piano la mazurca Op. 41 nº 2 llamada Palmejski (una
de las más bellas y tristes).
Y las lluvias llegaron el 6 de diciembre, en palabras de Sand
“fue el diluvio... en realidad no hacía tanto
frío, pero para nosotros acostumbrados a calentarnos en
invierno, esta casa sin chimenea era como un manto de hielo sobre
nuestras espaldas”. Pronto se resintió la salud de
Chopin. A partir de aquí todo empeoró hasta
convertirse en lugar infernal.
Para colmo, se corrió la voz entre los habitantes de la isla
que Chopin era tísico. El dueño de So’n
vent, el Sr. Gómez les expulsó de su villa y
demandó fuertes cantidades de dinero con el pretexto de
tener que ‘desinfectar’ la casa. El mobiliario fue
quemado. El cónsul francés, Pierre Fleury, les
acogió momentáneamente hasta que las celdas del
monasterio de La Cartuja quedasen libres el 15 de diciembre. En la isla
ya no eran bien recibidos, tratándoles como parias. El
pueblo estaba escandalizado por la conducta de aquellos franceses que
nunca iban a misa. Las lluvias no cesaban, la salud de Chopin se
derrumbaba y Sand se obstinaba en permanecer en Mallorca todo el
invierno. Las celdas del monasterio eran húmedas y
frías. A pesar de todo, Maurice sí se
recuperó.
Al fin el piano llegó pero fue retenido en Aduanas y
tuvieron que pagar una fuerte cantidad por él. Chopin
escribe a Fontana el 28 de diciembre “Aquí la
gente son unos ladrones porque nunca ven forasteros y no saben
qué pedir por las cosas. Las naranjas son gratis, pero un
botón de mis pantalones cuestan una fortuna.” El
piano Pleyel llegó al monasterio en los primeros
días de 1839 siendo capaz de completar los veinticuatro
preludios, dos polonesas, una balada y un scherzo. Un tiempo record
para él. En febrero la situación fue
insostenible. Sans escribe, “mientras el invierno avanza, la
tristeza paraliza más y más mis esfuerzos para
alegrar...el estado de nuestro inválido crece siempre a
peor...nos sentimos prisioneros, lejos de toda ayuda y de toda
simpatía...la muerte parece suspendida sobre nuestras
cabezas para agarrar a alguno de nosotros”. Sand
resumió la expedición de Mallorca como
“un castigo para él y un tormento para
mí”. Sand tuvo que renunciar a ver la primavera de
Mallorca. El 11 de febrero abandonaron la isla. Y para
añadir insulto a la injuria navegaron rodeados de una piara
de cerdos en un sucio compartimento, prohibiéndoles salir
por temor a extender la enfermedad de la tisis. Chopin llegó
a Barcelona escupiendo tazones de sangre y arrastrándose
como un fantasma, estando al borde la muerte.
Desde que puso pie en Barcelona mejoró milagrosamente.
Vinieron meses de mucha ternura. Sand escribe a Charlotte Marliani:
“Este Chopin es un ángel. Su bondad, sensibilidad
y paciencia me preocupa a veces; parece que es demasiado delicado e
inusual para una criatura así vivir tanto tiempo nuestra
dura vida sobre la tierra. Estando mortalmente enfermo, creó
en Mallorca música que irresistiblemente nos lleva a
pensamientos de paraíso”.
Chopin vio por primera vez Nohant el 1 de junio de 1839. Aquello le
recordaba su casa natal de ?elazowa-Wola. Su única
obligación en Nohant era unirse a la familia y frecuentes
invitados para cenar a las cinco de la tarde. Fryderyk se
pasaría la mayor parte del tiempo trabajando en su
habitación soleada de la segunda planta.
Parte
izquierda del doble
retrato por Delacroix representando a George Sand
Como curiosidad, el famosísimo retrato de Fryderyk Chopin
pintado por su amigo Eugène Delacroix, en realidad fue un
doble retrato, en la derecha a Chopin y en la izquierda George Sand, de
pie detrás de él. El retrato nunca fue completado
excepto los rostros, aparentemente porque a Chopin no le
gustó, y el lienzo permaneció en su taller hasta
la muerte de Delacroix, en 1863. Entre 1865 y 1873 (nadie lo sabe)
algún culpable no identificado partió el retrato
en dos partes. La parte de Chopin se expone en el Louvre, la izquierda
de George Sand en el Museo Ordrupgaard, Copenhague.
Jan
Matuszy?ski. Acuarela de Zoeppritz
El 20 de abril de 1842 golpea sentimentalmente a Fryderyk: su amigo
íntimo Jan Matuszy?ski (Ja?) muere de tuberculosis.
Tenía exactamente la misma edad que Chopin. George Sand,
presente también en el lecho de muerte recuerda que
Matuszy?ski murió “después de una larga
y terrible agonía, la cual el pobre Chopin soportaba casi
como si hubiese sido la suya...Estaba sorprendentemente fuerte, con
coraje y con devoción para un ser tan frágil.
Pero al final se derrumbó.”
El secretismo de la relación con George Sand era obsesivo.
Las cartas que Fryderyk mandaba a su hogar polaco desde Nohant no iban
nunca selladas desde allí, sino que las mandaba a amigos en
París (normalmente Fontana) para que fueran selladas desde
París. Muchos años mantuvo en secreto a su
familia la relación con George Sand. En 1840
escribía a su familia que “alguien” le
cuidaba, sin dar nombre, mientras que Miko?aj inquiría saber
más sobre esa persona.
Hay algunos huecos en su biografía porque muchas cartas
fueron destruidas. Ninguna carta a su familia durante 1840, 1841 y 1842
sobrevivió. Curiosamente sólo se conocen tres
cartas que su madre Justyna le escribió desde que Fryderyk
marchó de Varsovia.
Nohant,
ilustración por Blannchard
Una de las distracciones de Nohant era formar un teatrillo de
marionetas que Fryderyk dirigía desde el piano. Todo era
pantomima, las cuales eran invenciones de Chopin, e improvisaba al
piano mientras los jóvenes hacían
cómicas danzas. Otras veces se desvanecía y
reaparecía tras el piano en una asombrosa
imitación cómica de un viejo judío
polaco, del emperador de Austria, el gran Rey Federico de Prusia o de
músicos. Incluso Balzac fue impresionado por su
mímica.
Otras veces jugaban al billar en la mesa del salón, o al
ajedrez.
Muy frecuente era la visita de invitados entre sus más
destacados amigos. (Curiosamente nunca fue invitado Julian Fontana)
Allí en Nohant compuso en 1842 el famoso vals del Minuto.
Otros le llaman el ‘Vals del perrito’. Dedicado a
la bella Delfina Potocka, tiene su historia cuando Fryderyk y George
viendo a su perrito ‘Marquis’ en la terraza del
jardín dando vueltas alrededor de él mismo
intentando morderse su cola, ella dijo, “si yo tuviese tu
talento, compondría una pieza para piano para este
perro”. Chopin fue al piano y compuso este
simpático vals.
Sand ha descrito el alumbramiento de las obras maestras nacidas bajo su
techo: “Su creación era espontánea,
milagrosa. La encontraba sin buscarla. Acudía de repente a
su piano, o cantaba en su cabeza durante un paseo,
volcándola sobre el teclado. Entonces comenzaba la labor
más dolorosa que he visto...Lo que había
concebido en bloque, lo analizaba demasiado al escribirlo, y su
disgusto cuando no lo encontraba claro, se sumía en la
desesperación. Pasaba días enteros encerrado en
su cuarto, llorando, dando zancadas, rompiendo las plumas, repitiendo o
cambiando cien veces un compás, escribiéndolo,
borrándolo otras tantas veces, para volver a empezar a la
mañana siguiente con una perseverancia minuciosa y
desesperada...Se pasaba seis semanas trabajando en una misma
página, para acabar escribiéndola tal como la
había trazado del primer tirón.”
En París, su nuevo apartamento de Plaza
d’Orléans se convirtió en un lugar de
reuniones de la más alta categoría social,
cultural, política y económica, donde grandes
escritores y políticos conversaban y Chopin daba recitales
de piano. Heine (amigo de Fryderyk y Sand) presentó a Sand a
Karl Marx, pero no se tiene constancia que éste haya estado
en Plaza d’Orléans ni que haya conocido a Chopin.
En esos días se gestó su ‘Manifiesto
Comunista’.
El 11 de mayo de 1844 la tragedia se cierne sobre Chopin al recibir una
carta donde se le comunica la muerte de su padre Miko?aj, a los setenta
y tres años. Su reacción inmediata fue de shock
extremo y caída en profunda depresión. Se
encerró en su habitación durante días,
rehusando ver a nadie, incluyendo George. Durante doce años
y medio desde que Fryderyk dejó Varsovia, su padre le
escribía regular y sinceramente para expresarle el amor,
orgullo y apoyo de la familia; ofreciéndole justos consejos
sobre su salud, gestión de dinero, pasos a dar en su
carrera, relaciones con amigos y críticos y chismorreos y
noticias de Varsovia. Fue el mayor confidente de su hijo. Chopin se
abriría a él más que a nadie (excepto
su relación con George Sand) y nunca le revelaría
tanto ni siquiera a Sand, Gryzma?a o Fontana. Sand escribe:
“Sufro por su pena; soy incapaz de consolarle”.
“Está roto, e indirectamente yo
también.”
Antoni Barci?ski, el cuñado de Chopin, le escribe:
“Miko?aj te mencionaba muy a menudo, y en sus
últimos días me instruyó para
alentarte, y aceptar el mazazo con resignación”.
Fue la contestación a una misiva de Fryderyk perdida. Chopin
podía haber revelado a la familia definitivamente que
vivía con George Sand, si no lo hizo en cartas anteriores
perdidas a su padre que le preguntaba sobre “las otras
personas”. Es muy probable porque Sand escribió a
su madre, Justyna a final de mayo que “no hay nada mejor para
consolar a la madre de mi querido Fryderyk que asegurar de la fuerza y
autocontrol de este muchacho admirable... Sabes cuán
profundo es su dolor y cómo su alma sufre...”.
Justyna replicó en junio: “Tus conmovedoras
palabras calman mi pobre alma, torturada por tristeza... y mi ansiedad
sobre Fryderyk es ilimitada...Te agradezco sinceramente y te
confío mi amado hijo a tus cuidados maternales.”
George Sand, famosa como escritora también en Polonia, fue
ahora aceptada formalmente como protectora y amiga de Chopin.
A final de mayo Chopin se traslada a Nohant junto con Sand, Maurice y
Solange. Inmediatamente cae enfermo con agudas infecciones dentales y
fiebre. Pero su salud mejora rápidamente cuando su hermana
mayor Ludwika y su marido Kalasanty J?drzejewicz anuncian sus planes de
visitar Paris en julio. Hacía doce años y medio
que no veía a su querida hermana. Sand escribe a Ludwika
avisándola sobre los cambios de Chopin, y que aunque su
salud no es muy mala, su apariencia parece
“miserable” y que no se debían de
alarmar por sus explosivos ataques de tos matutinos.
Retrato
de Ludwika Chopin por
Mieroszewski, 1829
Fryderyk, Ludwika y Kalasanty pasaron juntos un tiempo maravilloso.
Chopin hizo de cicerón en París,
mostrándoles la ciudad y presentándoles a amigos
polacos. Los tres fueron al cementerio de Père Lachaise a
colocar flores sobre la tumba de Jan Matuszy?ski. Después,
en agosto, fueron a Nohant en una visita de unas tres semanas. Sand
recuerda estos momentos como uno de los más felices de su
vida. Sand y Ludwika se hicieron muy amigas. Fryderyk y Ludwika tocaban
el piano a cuatro manos, tal como lo hacían cuando eran
niños en Varsovia. A la vuelta a París, pasaron
la última noche en casa del violonchelista Franchomme
tocando hasta muy pasada la noche. Sería la
última vez que Ludiwka escuchase a su hermano tocar el
piano. Los J?drzejewicz partieron para Varsovia el 3 de septiembre, y
Chopin hacia Nohant al día siguiente.
Chopin era un hombre excéntrico. Una de sus excentricidades
más sorprendentes fue cuando Felix Mendelssohn le
pidió unos cuantos compases de su música firmada
por él para su esposa, que era una gran admiradora. Pasaron
semanas y meses sin una contestación. Mendelssohn
pensó que la carta o no había llegado o que la
había ignorado. Casi doce meses más tarde,
Mendelssohn recibió respuesta: “Estimado amigo!
Con un poco de buena voluntad, imagina que estoy escribiendo esta carta
inmediatamente después de recibir la tuya...”. Fue
una composición completa considerada como asunto privado que
no deseaba ser publicada. Mendelssohn respetó esa privacidad
y la obra permanece en el misterio.
Otra de sus excentricidades fue que no quería tomar su taza
de chocolate diaria que tanto le gustaba porque le recordaba a su
hermana Ludwika (que le visitó en el verano 1844).
En 1845, la muerte, que le iba persiguiendo vuelve a escena, su alumno
niño prodigio Carl Filtsch muere en Venecia, en una gira de
conciertos a la edad de quince años. Filtsch fue su mejor y
más prometedor alumno. Su interpretación
arrancaba lágrimas de los ojos de Fryderyk.
Curiosamente, cuanto más deprimido estaba Fryderyk,
más largas eran sus cartas hacia su familia en Varsovia. Por
ejemplo, las del verano de 1845.
En primavera de 1846 Fryderyk recibió una respuesta de su
madre respecto a la sugerencia de visitarle en París. Fue la
tercera carta que le escribió Justyna en todos estos
años concluyendo que no sería buena idea porque
ella sería una carga para él. “No, mi
querido hijo, no haré eso, especialmente porque hay personas
contigo que te cuidan tiernamente y a las cuales yo les estoy muy
agradecida. Quizás Dios me permita verte en otra
ocasión; no pierdo la esperanza porque tengo fe en Su
misericordia.”
En esta primavera de 1846 Chopin ya había cambiado mucho
respecto a su juventud. Ahora estaba tenso, nervioso y
contínuamente irritable. Su mal humor, si creemos a Sand,
estaba ahora afectando a aquellos que le rodeaban. Escribe a Maurice
que Chopin está “más enfadado que
nunca...me divierte, reduce a Mme Rozière a
lágrimas...”.
Retrato
de Jane W. Stirling
por Anne Chamiec, 1842
La adinerada escocesa Jane Wilhelmina Stirling entra en la vida de
Chopin de forma importante en 1848. Fue su alumna desde 1843, y
probablemente desde esa época ya estuviese enamorada del
compositor.
Una vez consumada la ruptura con Sand, Stirling asume el mismo papel
que Sand siendo su protectora y niñera. Aunque esa
afección nunca fue recíproca. Y nunca vivieron
juntos. Cuando una vez fue preguntado por un amigo si se
casaría con Jane, contestó malhumoradamente que
“sería como casarse con la muerte”. En
carta a Grzyma?a observa: “No me casaría porque no
tendría nada para comer ni dónde vivir. Aquellos
que son ricos deben buscar a los ricos, y si encuentran a alguien
pobre, al menos no debe ser un inválido...Moriré
en un hospital pero no quiero dejar una esposa en la miseria tras mi
muerte...Así que no pienso en casarme, sino en mi hogar, mi
madre y mis hermanas.”
Stirling se contentaba con estar cerca de él. Fue ella
quién persuadió a Chopin a viajar a Inglaterra.
Llegaron la tarde del 20 de abril de 1848. Chopin no hablaba ni una
palabra en inglés, pero no hacía falta porque
tanto Jane Stirling como su hermana Katherine Erskine estaban
pendientes de todo cuanto le hacía falta a Fryderyk.
“Han pensado en todo, incluso en mi chocolate, y no
sólo lo del apartamento...no puedes creer qué
buenas son conmigo!”. En Londres, aparte de los recitales, se
dedicó a una intensa vida social, más que nada
empujado por sus escocesas. “Mis buenas escocesas no me dejan
en paz, o vienen a buscarme, o me llevan a visitar a todos sus
familiares. Su cortesía me ahoga, y a causa precisamente de
esta cortesía no puedo rechazarlas.”
Su preocupación por el dinero es ahora importante. Sus
fuentes de ingresos disminuyen, y se ve forzado a dar más
conciertos, cosa que le agota aún más.
Las escocesas se lo llevan de Londres a Escocia. El 16 de noviembre da
el último concierto de su vida.
En Inglaterra el clima hace estragos en su salud, y vemos a un Chopin
completamente roto emocionalmente. En su amargura arremete contra Sand,
a quien llama ahora ‘Lucrezia’: “Tengo un
resfriado muy fuerte, dolores de cabeza, me cuesta respirar...los
síntomas de siempre...nada me importa...Nunca he maldecido a
nadie, pero ahora estoy tan cansado de mi vida que me daría
consuelo poder maldecir a Lucrezia, pero sin duda ella
también sufre, sufre todavía más
porque sin duda llegará a vieja llena de
maldad...¿Por qué no me mata Dios ya de una vez y
no lentamente?...Mis amables señoras escocesas ya vuelven a
aburrirme. A Mrs. Erskine, una protestante muy religiosa, le
gustaría convertirme al protestantismo; me trae la Biblia,
me habla del alma, me cita los salmos; pobre mujer, está muy
preocupada por mi alma. Siempre me dice que el otro mundo es mejor que
éste; yo me lo sé de memoria, y le contesto con
citas de las Escrituras y le explico que conozco todo esto...Si me
encontrara bien, sólo con dos clases al día
tendría lo bastante para vivir aquí holgadamente,
pero estoy débil; dentro de tres meses, o cuatro como
máximo, me quedaré sin recursos (18
noviembre)”.
El 21 de noviembre: “Tengo neuralgia y estoy hinchado...un
día más aquí y no sólo
moriré sino que enloqueceré.”
El 23 de noviembre cruza el Canal. De vuelta a París, sus
viejos amigos Delacroix, Franchomme, Grzyma?a y otros apenan le pueden
reconocer. Algunos le describen como un “insecto
delicado” que sólo podía ser tocado con
el mayor cuidado para no romper sus alas. Otros ya le ven como
moribundo.
Aún así seguiría luchando. Compuso un
vals y una mazurca, la nº4 Op. 68 de la que Zieli?ski cree sin
duda fue su última composición.
Año y medio después de la ruptura, Chopin y Sand
aún pensaban el uno en el otro. Chopin se preocupaba por
Sand a través de Solange, que se convirtió en una
gran amiga íntima. Sand también pedía
noticias sobre Chopin, a través de amigos como Pauline
Viardot o Charlotte Marliani.
El 22 de abril de 1849 posiblemente fue la última vez que
Chopin salió a la calle de placer, para asistir a la
ópera ‘Le prophète’, de
Meyerbeer. A finales de abril cayó en la fase final de la
enfermedad, que le conduciría a la muerte.
En su fase final, varias veces mencionó que quemasen todos
sus manuscritos sin publicar.
Incapaz de dar conciertos ni clases y estando casi arruinado, algunos
amigos pagaron en secreto sus gastos, como el apartamento de Chaillot,
por la princesa Natalie Obreskow, o el de Plaza Vendôme, por
Jane Stirling, y su madre Justyna también le
mandó dinero. Stirling también corrió
con los gastos del funeral.
En agosto de 1849 vino una larga y rocambolesca historia sobre los
veinticinco mil francos (un auténtico dineral) que
supuestamente fueron ‘prestados’ por Jane Stirling.
El paquete que contenía este dinero se perdió
extrañamente y no llegó a su destino. Se
contrató incluso a un vidente (Alexis) que
‘mágicamente’ pudo encontrarlo a
través de un mechón de cabello de Chopin. Todo
fue tan oscuro y extraño que Chopin se indignó
con el asunto, sin creer en absoluto en el vidente Alexis. Y su orgullo
tampoco podía aceptar este dinero, que para él
era como aceptar ‘limosnas’. No se sabe
quién envió el paquete ni el dinero que Chopin
llegó a aceptar de estos veinticinco mil francos. Hay
diversas opiniones sobre el tema, algunos dicen que doce mil, otros
mil, otros quince mil...
Ludwika llegó con su marido Kalasanty y su hija de catorce
años el 9 de agosto.
Sand se mantiene al corriente de las malas noticias sobre Chopin y
escribe a Ludwika, ya en París: “Tengo noticias
sobre Fryderyk, algunos me escriben que está más
débil de lo normal...por favor, escríbeme alguna
palabra...mis recuerdos se habrán ensuciado en tu
corazón pero creo que merezco alguna palabra
después de todo lo que he sufrido.”
La imagen de Sand para Ludwika con toda seguridad fue alterada a
raíz de la ruptura y no respondió esa misiva.
Últimos momentos en
la vida de Fryderyk Chopin, por Teofil Kwiatkowski
El estar presente en la muerte de Fryderyk Chopin parecía
tener un gran caché social. Después de su muerte
muchos se atribuyeron ese honor. Parece que los que estuvieron
presentes fueron Ludwika Chopin, Marcelina Czartoryska, Solange,
Gutmann, Thomas Albrecht y el Padre Je?owicki. Delacroix tuvo
compromisos profesionales durante los últimos meses de vida
de Chopin y tuvo que ausentarse de París; “dejo
París entristecido por la condición de mi querido
Chopin”.
Grzyma?a escribe que la condición financiera de Chopin a su
muerte fue “cero”.
Tras su muerte surgió la pregunta de a quién
pertenece su herencia musical. Jane Stirling emergió como la
‘viuda oficial’, aunque no se casó con
él y ni siquiera estuvo presente en el momento en que
expiró, aunque sí en su funeral. Jane
dedicó el resto de su vida, hasta su muerte en 1859 a los
asuntos de Chopin, porque creía que estaba en su derecho y
en su obligación.
Julian Fontana fue solicitado por Ludwika para ordenar y juntar las
obras inéditas de Fryderyk, lo cuál hizo
publicándolas desde el Op. 68 hasta el Op. 74.
Clésinger fue llamado a petición de Solange para
moldear la máscara de su rostro, así como de sus
manos.
Estos fueron los apartamentos en los que residió Fryderyk
Chopin en su estancia en París:
Su primer apartamento lo ocupó en una pequeña
posada de la calle Cité Bergère, desde su llegada
a París, el 11 de septiembre de 1831.
El 18 de noviembre de 1831 se mudó a su segundo apartamento,
el 27 del bulevar Poissonnière, en Montmartre.
En junio de 1832 se mudó a su tercer y lujoso apartamento, 4
de la rue Cité Bergère, en el barrio rico de la
Chaussée d’Antin.
Su cuarto apartamento fue en junio 1833 en el número 5 de la
rue Chaussée d’Antin compartiéndolo con
su amigo Hoffmann.
Apartamento
de Plaza
Vendôme
En octubre de 1836 se mudó a su quinto apartamento en
París, en la misma calle, del 5 al número 38.
En octubre de 1839 se mudó a su siguiente apartamento, 5 rue
Tronchet pero pasaba la mayor parte del tiempo en el apartamento de
George Sand, en 16, rue Pigalle.
En septiembre de 1842 Charlotte les busca su
séptimo apartamento, 9 de Plaza Orléans para
él y el 5 Plaza Orléans para George, siguiendo
con la ficción de vivir separados.
En mayo de 1849 se mudó al apartamento del 74, rue Chaillot.
Aunque volvió eventualmente por poco tiempo a Plaza
Orléans, el 9 de septiembre se muda a su noveno y
último apartamento, 12 Plaza Vendôme donde
allí murió.
{mospagebreak title=Chopin y su enfermedad; muerte&toc=1}
Fryderyk Chopin y su enfermedad; muerte
Ya de muy joven se manifestaba su delicada salud. El Dr. Sielu?ycki ha
escrito que Chopin estaba predispuesto a enfermedades
reumáticas, problemas gástricos, severos dolores
de cabeza y graves infecciones dentales como resultado de sus podridos
dientes. Ya en su juventud, a menudo le faltaba la
respiración y sudaba. Debido a su acidez de
estómago tenía que llevar una dieta (no se le
permitía, por ejemplo comer pan de centeno de pueblo, que
tanto le gustaba). Se debía mantener en casa durante los
días de tiempo inclemente. Cuando tenía
dieciséis años, patinando se cayó, se
lastimó la cabeza, y le tuvieron que llevar a casa
semiinsconciente. Ese invierno tuvo fiebres catarrales, e
inflamación de ganglios. Le plantaron sanguijuelas en su
garganta para bajar la inflamación.
Chopin sufría de fatiga, una elevada ansiedad nerviosa y
emocional. Sus padres lo mandaban los veranos a la campiña
polaca para recuperarse. También fue a balnearios de curas,
ya de adolescente. Desarrolló ‘miedo a los
espacios abiertos’, ahora llamado agorafobia.
A medida que gradualmente su salud iba empeorando, todo ello afectaba a
su personalidad en años venideros.
El Dr. Sielu?ycki ha enfatizado que posiblemente Emile y Fryderyk hayan
sufrido de unas condiciones ‘pretuberculosas’. Se
cree que fue contaminado muy pronto por el bacilo de Koch, ampliamente
extendido en Polonia. El estetoscopio fue inventado en 1819 pero no
estaba disponible aún en Polonia. Tosidos y palidez eran la
base principal para su diagnóstico.
Ya de adolescente desarrolló una gran fobia a la muerte que
no la abandonaría nunca. Posiblemente la muerte de su
hermana Emile le causara una gran impresión, aunque no hay
mención de la muerte de Emile en ninguna de sus
supervivientes cartas.
Análisis modernos de psiquiatría sobre la salud
mental de Chopin, basados en correspondencias, memorias y sus primeros
biógrafos, sugieren fuertemente que tenía cuadros
maniaco depresivos y esquizofrénicos.
El Dr. Sielu?ycki y otros expertos creen que su frágil salud
fue responsable de la mayoría de sus desórdenes
internos. El primer signo documentado de la condición
emocional de Fryderyk aparece en su carta a Jan Matuszy?ski en la
Navidad de 1830. Contando su visita a la Catedral de Viena escribe:
“...No fui a oír la Misa, sino a contemplar a esa
hora el enorme edificio. Fui hasta el pie de una columna
gótica, en el rincón más
oscuro...Estaba todo silencioso, de vez en cuando se oían
los pasos de un sacristán que encendía
lámparas detrás del presbiterio, y entonces
salía de mi letargo. Un ataúd detrás,
un ataúd debajo, sólo me faltaba un
ataúd encima...Nunca me había sentido tan
huérfano.”
Otro ejemplo de la fascinación de Chopin con la muerte es la
longeva cita en la entrada de su diario que mantuvo desde 1829 a 1831,
cuando supo en Stuttgart de la caída de Varsovia a manos
rusas. Basado en su inflamada imaginación y ausencia de
información, este diario es un grito de incoherente
desesperación:
“¡Cosa extraña! Esta cama donde me
acuesto, quizá hayan yacido cadáveres sobre ella,
pero hoy esto no me disgusta, ¿es un cadáver peor
que yo? ¡El cadáver no sabe nada sobre su padre,
sobre su madre, sobre sus hermanas, sobre Tytus! ¡El
cadáver no tiene una amada! ¡No puede conversar en
su propio lenguaje con los que le rodean! El cadáver
está tan pálido como yo. El cadáver
está tan frío como ahora yo siento
frío de todo... El cadáver ha cesado de vivir...
¿cuántos nuevos cadáveres se
están produciendo en el mundo en este mismo momento?...La
muerte es el mejor acto del hombre, ¿y cuál es el
peor? Nacer: lo más opuesto que hay a lo mejor. Tengo
razón en estar encolerizado por venir al mundo:
¿a quién le sirve que yo exista?...
¿Me amaba [Konstancja] o sólo fingía?
Sí, no, sí, no, no, sí...
¿Me ama? Seguro que me ama, que haga lo que
quiera...”
Y ahora sigue sobre la caída de Varsovia:
“Los suburbios están destruidos, quemados. Ja? y
Wilus probablemente muertos en las trincheras. ¡Veo a Marcely
prisionero! ¡El bueno de Sowi?ski en manos de esos brutos!
¡Moscú gobierna el mundo! Dios,
¿existes? Estás ahí y no te vengas.
¿Cuántos más crímenes rusos
quieres, o...¡¡es que también eres
ruso!! ¡Mi pobre padre! El pobre anciano debe de estar
muriéndose de hambre, y mi madre no puede comprarle ni
siquiera pan. ¿Quizás mis hermanas han sucumbido
a la ferocidad de la soldadesca de Moscú que anda suelta?
¡Pobre madre, cuánto sufres! ¿Has
traído al mundo a una hija para ver cómo un ruso
violaba sus propios huesos? ¿Al menos habrán
respetado su tumba [de Emile]? ¿Dónde
está? Pobre chica...Vida mía, estoy
sólo; ven a mí, te secaré las
lágrimas, te curaré las heridas... Dios, haz que
la tierra se estremezca y se trague a los hombres de esta
época, deja que caiga el peor castigo sobre Francia, que no
vino a ayudarnos...”
Desgarrador.
Chopin había experimentado oscuras fantasías y
alucinaciones desde la temprana adolescencia. En 1834 Chopin
viajó junto con Hiller al festival de música de
Aachen (Alemania) y escribió a la madre de Hiller:
“Hoy estoy como el humo de nuestro barco de vapor... me
disuelvo en el aire y me siento como si parte de mí
estuviese viajando hacia mi madre patria, hacia mi pueblo, y la segunda
parte a París hacia ti”. El experto Ryszard
Przybylski sugiere que esta carta es una indicación de la
leve esquizofrenia del compositor.
Tras el agotador y emotivo viaje hacia Karlsbad y Dresde, al llegar a
París enfermó de gravedad y fue la primera vez
que tuvo hemoptisis (escupía sangre). Le cuidaba su amigo y
médico Jan Matuszy?ski.
No había un tratamiento para la tisis en aquellos
días. Muchos expertos creen que la tuberculosis no tratada
produce distorsiones psicológicas incluyendo la
esquizofrenia y neurosis obsesivas. Dr. Davila estudió su
vida desde una perspectiva clínica y lista
“aislamiento, abstención del sexo, aparente
frialdad y arrogancia en público, superdisciplina y
vestimenta meticulosa” como síntomas de tales
desórdenes junto con la irritabilidad, incapacidad para
mostrar afecto y brotes de melancolía, todos
síntomas asociados a enfermedades maniaco-depresivas.
Surge la pregunta de si esa aparente enfermedad maniaco-depresiva de
Chopin era realmente el resultado de una tuberculosis no tratada, como
sugiere Davila, o si las dos enfermedades eran coincidenciales.
Las enfermedades maniaco-depresivas o esquizofrenia conducen a la
pérdida del contacto con la realidad, una
sensación de estar bebido y no saber el paradero. Chopin
había relatado episodios de pequeñas
alucinaciones como en la catedral de Viena, el diario de Stuttgart
junto con otros.
Chopin no sólo ocultaba sus dolencias y achaques durante
años (especialmente a su familia), sino que la disimulaba, y
la subestimaba, aunque siempre pensaba que podía curarse.
Su salud mejoró desde que llegó a Paris, en 1831.
El período de cuatro años, desde 1831 hasta 1835
marca la ‘etapa feliz’.
Su estado de salud aunque iba degradándose paulatinamente
tenía altibajos, con períodos de muy buena salud
(de no estar enfermo, mejor dicho) y períodos de enfermedad
con toses, fiebres, infecciones, etc, mucho más frecuente
casi todos los inviernos.
Su costumbre de permanecer hasta muy tarde tocando en los salones (a
veces hasta que amanecía) y posteriormente levantarse
temprano para asistir a sus clases diarias podían haber
incidido negativamente en su salud.
Sand cuenta en sus memorias: “La gente cree que es
tísico. [Dr] Gaubert le examinó y
declaró que no lo era.” [1838]
La contribución de George Sand con la salud de Chopin fue
muy positiva. El sangrado era un tratamiento aceptado para la tisis en
aquel tiempo, pero Sand temía que eso era muy peligroso y no
haría más que empeorar más su salud.
De hecho, Sand tenía buenos conocimientos de medicina. Pero
con todos los padecimientos de Chopin en Mallorca, volvieron pesadillas
y alucinaciones, como relata la propia Sand en sus memorias:
“Era un paciente detestable. Se desmoralizaba completamente,
aceptando su sufrimiento con justo coraje. Para él el
monasterio estaba lleno de terrores y fantasmas, incluso cuando se
sentía bien. Volviendo de una exploración
nocturna con mis hijos, le encontramos a las diez de la noche,
pálido en su piano, con ojos obsesionados y sollozando.
Necesitó varios instantes para reconocernos. Se
levantó y de un gran grito nos dijo en un extraño
tono, ‘Ah! ¡Sabía bien que vosotros
estabais muertos!’”. George sigue contando que
Chopin le dijo más tarde que estaba como en
sueños y no era capaz de distinguirlos de la realidad, que
tocaba tranquilamente el piano persuadido que estaba muerto
también.
Su estado emocional en Mallorca también se refleja en la
carta a Fontana: “En mi celda puedes imaginarme, sin guantes
blancos, pálido como siempre...La celda tiene la forma de
una larga tumba...silencio...uno puede gritar...aún persiste
la calma...te escribo desde un extraño lugar”.
Hacia 1840 su decadente estado de salud le preocupaba
considerablemente, a pesar que su doctor por entonces, Dr. Gaubert, le
aseguraba que no, él estaba convencido que era
tísico. Su amigo médico Ja?, en estado terminal
de la tuberculosis, creía que ambos compartían la
misma enfermedad letal. Cuando Chopin compartió apartamento
con Ja? hablaron mucho sobre dicha enfermedad.
Tras la muerte de éste, en 1842, antes de partir para Nohant
estaba tan débil que le tenían que ayudar a bajar
las escaleras del apartamento rue Pigalle.
A los treinta años, Chopin pesaba cuarenta y cuatro kilos.
Y todos los inviernos Chopin enfermaba. A principios de 1843 Fryderyk
escribe a su médico Dr. Molin: “Sé tan
amable de venir a verme hoy; ¡estoy sufriendo!”.
El 10 de noviembre de 1843 cae seriamente enfermo, con dolores del
pecho, toses, sofocos y escupir de sangre.
Las cuestiones emocionales afectaban mucho a la salud de Chopin.
Así, tras la muerte de su padre Miko?aj cayó
enfermo. Pero cuando se enteró que Ludwika iba a visitarlo a
París se recuperó inmediatamente. Sand escribe a
Ludwika tras su marcha a Varsovia: “Tú eres el
mejor doctor que ha tenido Fryderyk nunca porque sólo basta
empezar a hablar sobre ti para que recupere el deseo de
vivir.”
El año 1845 fue muy malo para la salud de Chopin. En una
carta escribe: “He sobrevivido a tanta gente más
joven y fuerte que yo, que pienso que soy eterno.”
A final de abril de 1849 Chopin entra en la fase final de su
enfermedad. Berlioz le visita y recuerda: “incluso la
más ligera conversación le fatiga de manera
alarmante. Se esforzaba para hacerse comprender todo lo posible por
señas.”
Fryderyk podía haber tenido premonición de su
propia muerte cuando le pidió a su hermana Ludwika que
viniera a verle: “Si podéis hacerlo, venid. Estoy
enfermo y ningún médico podrá ayudarme
como vosotros...Ocupaos en seguida del pasaporte y del dinero, pero
hacedlo de prisa...”
El 22 de junio tuvo dos grandes hemorragias y el famoso doctor
Cruveilhier concluye que Chopin estaba en su última etapa de
tuberculosis y que nada se podía hacer ya por él.
El 25 de junio hace un llamamiento desesperado a su hermana Ludwika. En
julio escribe a Solange: “Veo que él [Cruveilhier]
me considera tísico porque me ha prescrito una cuchara de
café con líquen”. Los
líquenes se usaban en tratamiento homeopático
para la tisis.
Los permisos para que Ludwika viajara a París no eran
fáciles de conseguir. Delfina Potocka prometió
hacer todo lo posible para conseguir el visado. Y lo
consiguió. Ludwika llegó con su marido Kalasanty
y su hija de catorce años el 9 de agosto.
Una vez en Plaza Vendôme, apenas podía moverse de
una a otra habitación.
El 7 de octubre, de repente y casi inaudible exclama:
“Maintenant, j’entre en agonie!” [Ahora,
entro en mi agonía]. Cuando el doctor intentó
consolarle, Chopin susurró: “Raras veces muestra
Dios el favor de revelar a un hombre el momento de la
aproximación de su muerte; esta gracia me la ha concedido,
no me moleste”.
Ludwika le cuida día y noche siempre a su lado. El poeta
Zaleski dice que “sus piernas y vientre estaban
hinchados”.
El 12 de octubre, Cruveilhier reconoció que la muerte
llegaría en horas. El 15 de octubre llega a París
Potocka avisada de la extrema gravedad de Chopin, abandonando Niza
precipitadamente. Fryderyk le dice a Delfina: “Dios ha
retrasado tanto tiempo en llevarme a Él; Deseaba otorgarme
el placer de verte”. Se movió el piano a la
habitación para poder escuchar a Delfina y la pobre cantante
apenas podía aguantar las lágrimas mientras
cantaba, acompañándose ella misma al piano. A
mitad de la segunda pieza fue interrumpida por un ataque violento de su
enfermedad.
Una curiosidad de Chopin respecto a la religión es que nunca
compuso ninguna obra oficialmente religiosa. Aunque siempre fue
creyente, no lo practicó como la mayoría de
católicos. Su comunicación con Dios era
más íntima y personal. El Padre Je?owicki comenta
durante aquellos últimos días de la vida de
Chopin: “Me dijo ‘Te comprendo, no
querría morir sin los Sacramentos, por no entristecer a mi
amada madre, pero no puedo aceptarlos porque no los entiendo de la
misma forma que tú.’ Las palabras de Chopin
contrajeron mi corazón y lloré.
Fryderyk
Chopin en su lecho de
muerte, por Kwiatkowski
Pasaron meses con
frecuentes visitas pero sin ningún resultado. Un
día ante mis súplicas de confesión,
él me dijo: ‘Te daré todo lo que
tú desees’. Yo dije ‘¡dame tu
alma!’ Él contestó ‘te
comprendo, tómala’ y se sentó en la
cama. Le di un crucifijo que asió con ambas manos.
Lágrimas salieron de sus ojos.
‘¿Tú crees?’
pregunté, ‘Creo’ contestó, y
en un flujo de lágrimas hizo su confesión
aceptando la Extremaunción. Desde entonces se
convirtió en otra persona. Después vino su larga
agonía. En medio de los más grandes sufrimientos
expresaba su felicidad, daba gracias a Dios, y su deseo de unirse a
Él lo antes posible. A veces hablaba a los presentes con
gran ternura: ‘Amo a Dios y amo a la gente...mi querida
hermana Ludwika, no llores! No lloréis amigos
míos. Soy feliz. Siento que me muero...¡Rogad por
mi!’. Y para expresar su gratitud hacia mí me
dijo: ‘Sin ti, mi amigo, habría muerto como un
cerdo’”.
Fryderyk Chopin murió pocos minutos antes de las dos de la
madrugada del día 17 de octubre de 1849.
Tumba
de Fryderyk Chopin,
cementerio Père Lachaise, París
En los últimos días de su vida, Chopin
escribió su último mensaje y con mano temblorosa
escribió: “Si esta tos acaba
asfixiándome os suplico abráis mi cuerpo para que
no sea enterrado vivo”. Chopin tenía
pánico a hipotéticamente poder resucitar en su
tumba.
Sus deseos fueron concedidos y se le extrajo su corazón que
fue Ludwika la encargada de llevarlo de vuelta a Varsovia.
Él mismo dio instrucciones para que en su funeral se tocase
el Requiem de Mozart, en la iglesia de la Madeleine. A su funeral
asistieron unas tres mil personas, el 30 de octubre. Y mientras el
féretro era sacado de la cripta y transportado por
Delacroix, Franchomme, Pleyel y el Príncipe Alexander
Czartoryski; se tocó su Marcha fúnebre. El
organista también tocó dos preludios suyos, uno
el nº 4 y otro se cree el nº 6.
{mospagebreak title=Chopin y las relaciones sexuales&toc=3}
Fryderyk Chopin y las relaciones sexuales
A pesar de algunas buenas oportunidades, nunca se casó.
Una de sus más profundas tragedias es la incapacidad de
comprometerse emocionalmente. Su compromiso hacia la familia (padres y
hermanas) era el único lazo de unión
emocionalmente permanente en su vida.
Al poco de llegar a París escribe: “Lamento que el
‘souvenir’ de Teresa, a pesar de los esfuerzos de
Benedicto, que considera mi dolor como algo muy pequeño, no
se me permita saborear la fruta prohibida”. Ciertamente,
Fryderyk cogió una enfermedad venérea,
probablemente gonorrea, de probablemente una prostituta llamada Teresa
en algún lugar entre Viena y Munich, y Benedicto era
probablemente su doctor. (Las enfermedades venéreas eran muy
comunes en esos días). Se puede asumir que Fryderyk Chopin
era virgen cuando abandonó Varsovia, y su
iniciación al sexo a los veinte con Teresa podría
haber resultado un lastre en sus posteriores deseos sexuales. Muchos
autores indican que Chopin era un hombre inapetente o asexual, a pesar
de su alta sensualidad. No hay más referencias de vida
sexual en su correspondencia superviviente. Esta asexualidad, o
inapetencia, las cuales no descartan actos sexuales ocasionales, fue un
aspecto de sus posteriores relaciones románticas con las
mujeres.
Delfina Potocka, considerada como una de las mujeres más
bellas de Europa y una magnífica cantante,
conoció a Chopin y rápidamente entablaron una
gran amistad de por vida. Pero su relación fue puramente
platónica y profesional, incluso aunque Delfina tuviera una
sorprendente reputación en Europa en materia sexual.
En cuanto a Sand, se da la circunstancia de que uno de sus amantes,
Jules Sandeau, peligrosamente tísico, enfermó con
tal gravedad que Aurore Dupin (George Sand) creyó firmemente
que ella había sido la culpable de su ruinosa salud al
haberle forzado a una intensa actividad sexual. Esta creencia
permaneció para siempre en ella y condiciona la posterior
conducta en esta materia hacia Chopin. Al poco de haber comenzado su
relación con Chopin, en 1838, George comenta en una
extensísima carta a Grzyma?a el asunto de tener o no tener
relaciones sexuales con él. La cuestión fue que
Fryderyk la había decepcionado cuando evitó tener
relaciones sexuales con ella. Enfadada, Sand escribió que
“despreciar carne puede ser sabio y útil
sólo con aquellos que no son más que carne, pero
con aquellos a quien se les ama, no es la palabra
‘despreciar’ sino ‘respetar’ la
que tiene que usarse cuando uno se abstiene”. Chopin parece
ser que esa infeliz noche le dijo que “ciertas acciones
podían estropear el buen recuerdo” y George lo
encontró una “estupidez”
preguntándose si “él había
tenido alguna amante indigna de él, pobre ángel!
¡Habría que colgar a todas las mujeres que
envilecen ante los ojos de los hombres el acto más sublime
en la historia universal!”. Obviamente George no
sabía nada de su historia sexual (o no historia).
Los escritos de Sand no dejan lugar a dudas de que ella y Fryderyk
tuvieron una vida sexual, al menos durante los primeros
años. Es presumible que Fryderyk entró en la
relación con Sand siendo virgen (independientemente del
asunto Teresa), y que George habría transmitido su
experiencia superando la aversión de Chopin al contacto
carnal. Por supuesto, el pensamiento de tener hijos nunca se le
pasó por la mente a Fryderyk.
Los primeros meses de la relación fueron los más
apasionados y felices. Sand informaba que pasaban horas en
“abrazos celestiales”, sea lo que aquello
significase.
En el primer verano que pasaron en Nohant, George inscribió
la fecha ’19 junio 1839’ sobre la pared de su
habitación. Biógrafos han especulado que
podría significar la noche que hicieron por primera vez el
amor en su hogar.
Después de la ruptura entre George y Chopin, Sand escribe a
Grzyma?a que “durante siete años he vivido como
una virgen con él y con otros. He envejecido antes de
tiempo...y él nunca lo comprendió...Él
se me queja que lo había matado a través de
privaciones mientras yo tuve la certeza de haberle matado si hubiera
actuado diferentemente.”
Parece ser que Sand le impuso castidad debido a su salud.
En 1843 Sand escribe a Delacroix que ella cometió
“suicidio voluntario” tres años antes
para evitar una “ridícula
agonía”. Presumiblemente es una referencia a su
decisión sobre abstinencia sexual.
{mospagebreak title=Chopin y la causa polaca&toc=4}
Fryderyk Chopin y la causa polaca
Muchas preguntas se abren en este apartado. En abril de 1825, cuando
dio su concierto ante el Zar Alejandro, podíamos habernos
preguntado porqué los padres de Fryderyk le permitieron
tocar ante los ocupantes imperiales rusos, especialmente el odiado
archiduque. La respuesta posiblemente sea que a pesar de los
sentimientos, Miko?aj no quería contraponerse a los
gobernantes, y al mismo tiempo, acceder a la corte rusa en Varsovia
prometía mejorar la carrera de Fryderyk.
En mayo de 1825 el Zar Nicolás I fue coronado Rey de Polonia
tras la muerte de su padre Alejandro. A diferencia del moderado
Alejandro, Nicolás impuso un reino de terror en Rusia y
represión en Polonia. En Varsovia, gente joven conspiraba
contra los gobernadores rusos, plantando la semilla del levantamiento.
Fryderyk, aunque ocupado con su nuevo concierto, pasaba largas horas en
el café Dziurka donde jóvenes artistas,
periodistas y políticos hablaban sobre el futuro de Polonia.
Fue aquí donde Chopin conoció a poetas polacos
con los que compondría canciones, como Stefan Witwicki y
Bohdan Zaleski.
Hay cierta creencia de que Fryderyk Chopin abandonó Polonia
debido a problemas políticos, con la ocupación
rusa. Eso está mitificado. Varsovia por aquel entonces no
estaba en la élite musical, y las sucesivas escapadas de
Fryderyk hacia Berlín, Viena, Praga, Dresde, etc nos indican
su afán por adquirir fama y mejorar su carrera musical. De
hecho, su segundo viaje a Viena lo tenía programado meses
antes, pero a raíz de la Revolución francesa de
julio de 1830, tuvo que retrasar los planes. En agosto volvieron a
?elazowa-Wola por temor a revueltas y el 22 agosto escribe a Tytus:
“Mi padre no quería que viajara hace unas semanas,
a causa de los disturbios que se están produciendo por toda
Alemania...los italianos no hacen más que
descontrolarse...Todavía no he tratado de obtener el
pasaporte, pero la gente me dice que sólo puedo obtener uno
hacia Austria y Prusia; nada de pensar en Italia y Francia.
Así que probablemente en las próximas semanas
iré a Viena a través de Cracovia.” Y el
levantamiento polaco surgió cuando él ya estaba
en Viena, y a raíz de sus reacciones no parece que lo
esperase. Aunque profundamente polaco, no participaba activamente en la
causa polaca, ante todo Chopin se debía
únicamente a su música.
Otro punto confuso es su decisión de cambiar de
nacionalidad, aunque se sentía profundamente polaco. No se
conoce que esa decisión la haya discutido con alguien,
incluyendo su padre. No está claro si lo hizo para evitar
tener que renovar su pasaporte ruso en la embajada rusa, por razones
patrióticas o simplemente por una cuestión de
general conveniencia.
En 1833 se unió a la Sociedad Literaria Polaca de
París prometiendo sus servicios a la organización
“con todas mis fuerzas”. Fue también en
1833 cuando el Zar Nicolás decretó una
amnistía para todos los polacos. Miko?aj le urgía
a Fryderyk que renovase su pasaporte ruso. Esto le hubiera hecho
posible volver a Polonia sin miedo de ningún castigo.
Él partió antes del levantamiento y no estuvo
implicado activamente en él, pero Chopin se formó
en su mente que París podía asegurar la
continuación de su carrera y el crecer de su fama.
Habiéndose declarado como ‘emigrante’
permanente, fue lógico solicitar pasaporte
francés. Chopin fue considerado en Polonia como algo de
héroe nacional y sus polonesas y mazurcas eran percibidas
como expresiones de patriotismo. En efecto, sus mazurcas fueron su
mejor medio para expresar su ‘polaquismo’.
Según Rubinstein son sus obras más pensativas.
Las hay tristes, dulces, alegres, mórbidas, agrias,
soñadoras, melancólicas. Todas
identificándose con la palabra polaca ?al que él
repetía muy a menudo. ?al no tiene un claro equivalente en
otras lenguas. Es una siniestra mezcla de dolor, tristeza,
remordimiento, resignación, rencor e incluso
rebeldía e ira, con las que tantas veces se ha sentido
identificado.
A veces daba conciertos benéficos donde parte de la
recaudación iba dirigida a causas polacas, principalmente
emigrados polacos.
Existe un curioso paralelismo con su padre, Miko?aj, de origen
francés, y emigrado voluntariamente a Polonia, se hizo
ciudadano polaco y se cambió su nombre. Nunca
volvió a su patria. Miko?aj escribía generalmente
a Fryderyk en francés y Fryderyk le respondería
en polaco desde París. Fryderyk, por conveniencia, obtuvo la
ciudadanía francesa el 1 de agosto de 1835, y nunca
volvió a su querida patria.
La política nunca le interesó mucho, y menos
aún las tensiones sociales y económicas de
Francia, sin embargo era buen observador y estaba al tanto de todos los
acontecimientos de la época: “...las clases bajas
están completamente furiosas y urge un cambio en sus
condiciones de pobreza, pero el gobierno...dispersa las reuniones en la
calle con la gendarmería montada”.
Según la escritora polaca Ziemi?cka, Chopin había
decidido no volver a su madre patria porque no deseaba vivir bajo la
ocupación rusa y eligió un exilio voluntario.
En 1837 el embajador ruso, hablando en nombre del Zar le
ofreció a Fryderyk el título de ‘Primer
pianista de su Majestad el Emperador de Rusia’ y le
comunicó que no le consideraban un emigrado
político. Pero de acuerdo con su sobrino Antoni
J?drzejewicz, Fryderyk contestó contundentemente que aunque
no participó en el levantamiento polaco
“compartía las esperanzas fervientes de la lucha
de sus compatriotas...y por ello se consideraba como emigrante
político, y no podía aceptar bajo ninguna
circunstancia el honor que le ofrecían”.
El apolítico Chopin aborrecía todos los extremos.
Fue incluso más intolerante con los religiosos polacos de
patriotismo mesiánico, sin hacer ninguna
contribución a esa causa. Fue el movimiento lanzado por un
visionario polaco-lituano, Andrzej Towia?ski, que había
persuadido a un gran número de polacos emigrados a
París, incluyendo al poeta amigo de Chopin, Adam Mickiewicz.
Profetizaba que Polonia era “El Mesías de las
naciones” cuyo sufrimiento salvaría al mundo (como
lo hizo Cristo) y se proclamaba el profeta de la cruzada. La
reacción de Chopin fue que el movimiento de Towia?ski era
“insano” y escribe a Fontana que
“Mickiewicz acabará mal, a menos que se
esté riendo de ti”.
La mazurca Op. 50 nº 3 fue dedicada a Leon Szmitkowski, un
oficial de la rebelde armada polaca durante el levantamiento contra los
rusos. Zieli?ski cree que “ha derramado lágrimas
de los ojos de cada polaco en el exilio, y el compositor seguramente la
escribió en un estado de fuertes emociones”.
El año 1846 fue ensombrecido por el fallido levantamiento
sangriento pro-independencia en Cracovia. El plan inicial del
levantamiento era en las tres partes ocupadas de Polonia: Austria,
Prusia y Rusia y quería preservar el status de la
República de Cracovia, creada en 1815 tras el Congreso de
Viena. El levantamiento tuvo el éxito de expulsar a los
austríacos pero al final sucumbió y la
república de Cracovia fue disuelta e incorporada al imperio
austro-húngaro. A pesar de sus lazos cercanos con la
comunidad emigrada polaca, Chopin no tuvo noticias por adelantado del
levantamiento. Los polacos exiliados en Francia estaban divididos
políticamente en dos bandos. Uno conservador, comandado por
el Príncipe Czartoryski, y otro más radical
representado por la Sociedad Democrática. Chopin, no activo
en política, pero patrióticamente inspirado
tenía lazos con ambos bandos, con el príncipe
Czartoryski y con los ‘demócratas’ como
Zeleski y Witwicki. Pero Chopin nunca estuvo afectado personalmente por
la confrontación entre sus amigos polacos. Para todos los
polacos era considerado como un verdadero polaco patriota.
No hay registro de la reacción de Chopin sobre esta
última tragedia polaca, pero es de suponer que fue tan dura
como la caída de Varsovia quince años
atrás.
Estos sucesos también conmueven a Sand: “esta
pobre Polonia, la cuál desea recuperar su nombre, su
lenguaje, su nacionalidad y religión!...durante varios
días he estado tan profundamente conmovida que no puedo
dormir...la existencia polaca está condenada.”
La Revolución de París de 1848 se
extendió rápidamente hacia otros
países de Europa, entre ellos Polonia. Chopin escribe a
Fontana: “algo seguramente ocurrirá [en
Polonia]...Dios sabe qué pasará para que haya una
Polonia otra vez...huele a guerra...toda Alemania se
moverá...Francia seguramente ayudará...pero al
final habrá una super gran Polonia, en otras palabras:
Polonia...Este momento está cerca...”.
Una vez más el levantamiento polaco fracasó.
Cuando se enteró del fracaso en la región de
Pozna? comentó: “Oh, qué pena,
qué dolor”.
No se tiene constancia que la idea de volver a Polonia se le haya
pasado por la mente a Chopin. Sand escribe en sus memorias:
“libre para volver a Polonia, prefirió consumirse
diez o más años lejos de su familia, a la que
adoraba, antes que padecer el dolor de ver su país
transformado y deformado”.
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Fryderyk Chopin como hombre de negocios
Su primer viaje a Viena tenía el propósito
fundamental de conocer al influyente editor musical austriaco Tobias
Haslinger cuyas publicaciones incluían algunas de las obras
más importantes de Beethoven y Schubert. Haslinger se
mostró reacio a publicar música de un compositor
nuevo y desconocido. Tras leer la elogiosa carta de Elsner y
oír tocar a Chopin, cam | |