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Hejnał
y las invasiones mongolas
Oir sonar cuatro veces cada hora en punto la misma melodia
desde una torre de Cracovia es para muchos turistas una simple
anécdota. Además, la melodía se corta
antes de llegar a su fin, lo cual, en mente de algunos, no es
más que una extravagancia.
Pero tal vez no saben, hasta que algún guía se lo
explica, o lo leen en algún libro, que esa costumbre, que se
repite cada hora, haga sol o nieve, lleva repitiéndose
prácticamente sin pausa desde hace más de 700
años. El Hejnał, como se llama el toque de trompeta que
suena en Cracovia, tiene su origen en las invasiones
tártaras de hace siete siglos.
En el siglo XIII el Imperio Mongol de Genghis Khan comía
tierras y más tierras, en su ansia expansionista. En 1207,
bajo mando de Juji, hijo de Genghis, los mongoles, o
tártaros, se acercaban peligrosamente a la Europa Central.
En ese año ya habían conquistado Siberia
Meridional.
En 1223, arrasaron Transcaucasia, y vencieron el ejército de
Kiev en el río Kalka. Algo más tarde, en 1236,
Batu Khan, nieto de Genghis, cruzo los urales, como un
huracán, llevándose por delante los principados
de Ryazan y Vladimir, llegando incluso a saquear Moscú.
En la misma época, las tensiones entre polacos y la Orden
Teutónica iban en aumento. Aquella orden religiosa llamada
para expulsar a los paganos de Prusia, parecía encontrarse
excesiavamente cómoda en la región, y todo
parecía indicar que llegaban para quedarse. Pero los
problemas de Polonia con los teutones no eran más que una
piedra en el zapato, en comparación con lo que les
avecinaba.
Batu Khan, en 1240 tomó finalmente Kiev tras un largo sitio.
Al año siguiente, llegó a Galitzia y
saqueó Cracovia. La crueldad de los tártaros era
infinita, y así lo mostraron en la batalla de Legnica
(Silesia) el 8 de abril de 1241.
El duque Enrique el Pío, a las órdenes del rey
Enrique el Barbudo, había congregado las tropas de los
príncipes polacos para defender como pudieran Silesia de la
ira mongola. Los tártaros vencieron a los polacos, y mataron
a todo el que no logró escapar. Los tártaros no
tomaban prisioneros.
Los principes y el duque Enrique fueron troceados en el mismo campo de
batalla, y dicen que los mongoles llenaron nueve sacos con orejas de
los cadáveres del enemigo, como muestra de su victoria y
sadismo.
En 1259 otra invasión mongola sacudió Polonia, y
la suerte miró a los eslavos en Europa Central cuando
murió el Gran Khan Ogodei. Los tártaros se fueron
como llegaron, quedándose únicamente en Crimea,
algunas veras del Mar Negro y los Balcanes Orientales.
Estas invasiones tuvieron catastróficas consecuentas para
Polonia, lógicamente, pero tuvo también una
consecuencia positiva; más devastado estaba aún
el este, las tierras de Kiev y Rus, y así tuvo Polonia la
oportunidad de expandirse y conquistar más allá
del río Bug.
Así pues, dice la leyenda que el vigía
comenzó a tocar la melodía para avisar a los
cracovianos de la inminente llegada de las hordas tártaras,
cuando una flecha le atravesó el pecho y su
melodía no pudo finalizar. Pero aún
así sirvió de aviso a los ciudadanos que pudieron
escapar.
No se sabe con seguridad si el hecho se refiere a la
invasión de 1241 o a la de 1259, y ni siquiera se sabe con
seguridad si sucedió realmente. Pero lo que si se sabe con
seguridad es que el Hejnal, que deriva de la palabra húngara
para atardecer, ha pasado a formar parte del vocabulario polaco como
sinónimo de aviso, de alerta, de alarma, y desde las
invasiones tártaras se ha hecho sonar cada hora, cada
día, habiendo sido interrumpido únicamente en
cortos periodos bajo la invasión rusa del siglo XIX, y
durante el periodo de ocupación alemán de 1939 a
1945.
El toque de trompeta se realiza cuatro veces consecutivas, hacia los
cuatro puntos cardinales. No se trata de una extravagancia para
turistas, sino el recuerdo de que Cracovia sigue de pie, incluso tras
haber sido ocupada por tártaros, por austriacos, por rusos,
y por alemanes. El Hejnał es tan tradicional que incluso es
más antiguo que la iglesia y la torre desde donde suena
(Iglesia de Santa María).

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